BLANCA, QUE HERMOSA ERES.

Alguien dijo, y escribió que Blanca es un mar de tejados y veletas que se abalconan al Río. Una algarabía de empinadas callejas y azucaques por donde se pasea el silencio apenas interrumpido por el saludo de alguna anciana ataviada con negra toquilla. Un lugar junto al Segura, desde cuyo castillo se ven relucir las puertas revestidas de hojalata, las piteras, los aleros, las aldabas, el adobe...las fachadas pintadas de almáciga, siena, magenta y morado. Las rejas de buche de paloma... las mujeres que cantan mientras tienden la ropa en los alambres de las terrazas... y las macetas, con clavellinas siempre en flor.

Blanca, en pleno Valle de Ricote, es lugar con nombre de mujer. Y... como tal, sugerente y motivador de sentimientos y sensaciones de la más diversa naturaleza, capaz de inspirar a pintores como vuestro genial e internacional Pedro Cano, y a otros de obra anónima  y no menor calidad.

Con muy buen criterio, vuestros antepasados trocaron el primitivo nombre: NEGRA, por el albino y luminoso topónimo actual que evoca términos lingüísticos luminosos relacionados con el alba, la luz, el brillo y, en definitiva el optimismo y los sentimientos positivos ante la vida.

Otra cosa es su situación, al pie de la colosal PEÑA NEGRA, a cuyo regazo se reclina sensual la ciudad, mostrándose como producto del pasado, y cuya onomástica tiene que ver con su geomorfología basáltica tan extraña en el horizonte regional, y a la vez tan buscada por los antepasados de épocas prehistóricas argáricas e ibéricas para utilizar el fruto de sus entrañas en la fabricación de enseres domésticos tales como los molinos de mano, imprescindibles en el ajuar de uso cotidiano de los abuelos de vuestros bisabuelos.

Blanca es fruto del pasado, afirman los historiadores y poetas. Pero también es fruto de un presente que construyen sus gentes a diario con el trabajo continuo físico e intelectual, ofreciendo a la comunidad regional y nacional una realidad viva que promete un esperanzador porvenir, cuyos efectos están a la vista de manera palpable.

Es hermoso vivir y preocuparse por lugares que, como Blanca, pueden mirar con orgullo hacia atrás en el tiempo, y mirarse en lo que otros hicieron y nosotros podemos mostrar a los demás. Es MUY HERMOSO saberse heredero de una historia común, compartida con el resto de los ciudadanos, que iniciaron hace siglos quienes comenzaron a querer a este lugar, y también comenzaron a enseñar a quererlo a los que el tiempo situó físicamente después. Es VERDADERAMENTE HERMOSO haber sabido y podido seguir el hilo conductor de la historia, desde el pasado hasta el presente, sin concesión a la interrupción por razones caprichosas. Eso lo entendéis muy bien, lo entendemos muy bien, quienes estamos aquí, esta tarde, para rendir homenaje, voluntaria o involuntariamente a nuestro pasado histórico, orgullosos del presente, y con la mirada puesta en el futuro de nuestros hijos, a quienes hemos de saber enseñar a que acaben de construir Blanca como ese lugar mejor, que todos aspiramos a conseguir.

Porque...el pasado está ahí. Mejor o peor conocido pero está ahí. Pegado a las paredes de la Iglesia de San Juan. Encaramado a los muros desdentados y altivos de vuestro viejo y noble Castillo. Está en el trazado sinuoso de la villa antigua. En las casonas donde habitaron vuestros padres. En el sonido de vuestras campanas, en la algarabía que sigue al Tío de la Pita en la Romería de San Roque, en la propia devoción al Santo Patrón que heredásteis de los mayores... y en el horizonte limpio y agreste de la Peña Negra y la Sierra del Solán.

                   José Antonio Melgares Guerrero
(Presidente de la Asociacion de Cronistas de la Region de Murcia.)