DOCUMENTOS ORIGINALES
REPERTORIO DE FRAGMENTOS BIBLIOGRÁFICOS DE OBRAS ACTUALES DE LOS MÁS DESTACADOS HISTORIADORES
Beniel - 1997

Fotografias: José Maria Molina Galera
Diseño cubierta: Luis Fernández Miñano Pintor blanqueño.
I.S.B.N.: 84-923151-0-5 Depósito Legal: MU-1386-1997
© Govert Westerveld, 1997 Rio Guadalquivir, 4 - 30130 Beniel (Murcia).

Research is to see what everybody else has seen and to think what nobody else has thought. Prof. Dr. Albert Szent-Györyi (Nobel prize 1937)
Me hubiera gustado tener más tiempo para hablar del Castillo, símbolo de la identidad de nuestro pueblo. El torreón que da hacia la sierra está tan agrietado que si no se remedia con toda urgencia, puede desplomarse en cualquier momento. Yo pido desde este Pregón al Ayuntamiento de mi pueblo, aquí presente, que no lo permita. Y ofrezco también mi colaboración. Si hay ayuda del Gobierno Autonómico, bienvenida la ayuda; si no la hay, debemos arreglarlo sin esperar, si esperamos mucho, puede ser ya tarde.
SANTIAGO MARTÍNEZ BRU (Pregón fiestas de agosto 1994 en Blanca)
ESTE LIBRO SE PUDO ESCRIBIR GRACIAS A LA AYUDA DESINTERESADA DE LAS SIGUIENTES PERSONAS E INSTITUCIONES:
JUAN TORRES FONTES
Recuperar nuestra historia ayuda a comprender mejor nuestra realidad presente y a afrontar con mayores garantías el futuro. Adentrarse en nuestro pasado para conocer nuestros orígenes, nuestras tradiciones y, en definitiva, nuestra esencia colectiva es algo, por otra parte, que debemos a las generaciones futuras y que viene determinado, en la mayoría de los casos, por un profundo amor a la comunidad que centra la atención y el objeto de nuestro estudio.
Nunca antes de ahora se había acometido la empresa, ardua empresa, de bucear tan profundamente en nuestras raíces como pueblo. Nunca, antes de ahora, se había investigado con tanta pasión la entidad histórica de Blanca, la génesis y el desarrollo, a lo largo de mil años, de nuestro comportamiento como grupo humano con caracteres propios, dentro del ámbito más general de la historia del Valle de Ricote. Govert Westerveld, holandés residenciado en España durante muchos años, los suficientes para haber conocido las profundas transformaciones políticas operadas en nuestro país en las últimas tres décadas, ha evidenciado de la mejor manera posible sus sentimientos de afecto hacía un pueblo que le acogió con cariño hace ya veintiocho años. Entronca así, con esta obra, el pasado con el presente y el futuro de nuestro pueblo, al que le ha dado tres hijos.
Conocía a Govert a su llegado a España, a Blanca, allá por el año 1969. Se integró inmediatamente en nuestra pandilla, y junto con nuestro numeroso grupo compartió todas las actividades posibles de nuestros años jóvenes. Vivió con devoción nuestros usos y costumbres, nuestras centenarias tradiciones, nuestro pulso vital. Se hizo blanqueño de adoptación por su propia iniciativa al recoger el efecto de un pueblo que le abrió sus puertas y también su corazón, nunca mejor dicho. Quizás alguien tendría que plantearse, después de tantos años compartiendo tantos vínculos comunes con los blanqueños -esta obra es, por ahora, su última muestra de respeto y afecto- la verificación formal de esa adoptación natural y espontánea que le vincula tan hondamente a nuestro pueblo.
Mantuvo siempre Govert una entrañable relación de amistad, y más tarde de parentesco, con nuestro pueblo y nuestras gentes. Su natural e innata predisposición al diálogo, su tolerancia, sus profundos principios éticos y morales, junto a otras características y rasgos de su acentuada personalidad, determinaron desde el primer momento una corriente de simpatía y afecto mutuo, consolidadas a lo largo del tiempo por los todavía más estrechos vínculos de sangre.
Uno de esos rasgos a los que antes me refería y que de manera tan evidente configuran su personalidad, es su gran capacidad de trabajo. No se puede entender de otro modo el tiempo dedicado a esta obra histórica (histórica en la más amplia acepción del término) sobre Blanca, alargando hasta límites inverosímiles las veinticuatro horas del día para hacerlas compatibles con el desarrollo normal de su actividad profesional. Tampoco podría entenderse la inversión de tanto tiempo y recursos propios sin un espíritu absolutamente altruista y, sobre todo, sin esa capacidad afectiva en la que se incardina su relación con nuestro pueblo.
Su capacidad de trabajo, pues, y también su honestidad le han llevado a no contentarse con escribir la historia de Blanca basándose en las aportaciones, dispersas por otro lado, de otros autores que anteriormente se habían embarcado en proyectos similares, y cuyas referencias a Blanca lo eran tan sólo de forma tangencial, considerada como entidad comunal en el marco geopolítico del Valle de Ricote y, por tanto, de forma muy superficial.
No es lícito, para una personalidad como la de Govert (aunque su perspectiva podía ser más objetiva que la de cualquier otro) aventurar, a este respecto, explicaciones unilaterales del ayer de un pueblo, eligiendo una sola de las facies de ese pueblo. Se ha remontado por ello hasta los más lejanos días conocidos de nuestro pasado y ha procurado, mediante la observación del mismo en las fuentes más directas posibles, hacer la crónica de nuestra apasionante historia. Ha trabajado intensamente en el acucioso auscultar de la historia durante ocho meses, y ha procurado avanzar con rigor en su labor de síntesis de nuestro pasado histórico.
Con este método de trabajo, Govert Westerveld adelanta y facilita el trabajo de otros investigadores estudiosos de nuestro remoto pasado, al considerar sus citas bibliográficas -muy abundantes en el texto- absolutamente fiables y contrastadas con los textos históricos originales, y que constituye por ello uno de los aspectos más importantes de esta obra.
Yo tuve el privilegio de ser Alcalde de Blanca durante nueve años (1970-1979). Fueron tiempos ciertamente difíciles, ya que a un nuevo rebrote de recesión económica, que afectaba lógicamente a la situación financiera del Ayuntamiento, se unía, en aquellas fechas, uno de los cambios políticos más trascendentales de nuestra historia como nación. Viví aquellos años con gran ilusión -¡tenía 27 años cuando asumí tan alta responsabilidad!-, sirviendo a un pueblo que respondía con generosidad a mi propia entrega personal. Aquella etapa me marcó para siempre, y en mi ya dilatado curriculum de servicio a mi pueblo y a mi Patria, ningún otro recuerdo se me hace tan presente y tan amado.
Quizás esta circunstancia me hace apreciar en sus justos términos el valor y el alcance de la obra que se me concede el honor de presentación, y que me permite añadir unas líneas más a las páginas que durante aquella época me cupo el honor de aportar a nuestra ya dilatada historia como pueblo.
En palabras de Sánchez-Albornoz, "pretender explicar la historia de un pueblo es una empresa ardua que fuerza más que al orgullo a la humildad". Desde esa premisa y esos planteamientos ha trabajado Govert Westerveld en su "Blanca, lugar más islamizado de la región murciana". Ojalá esta obra sirva de estímulo y acicate para seguir investigando el pasado histórico de nuestro hermoso y querido pueblo.