INFORMACIÓN GENERAL. SOBRE EL VALLE DE RICOTE.

INFORMACIÓN GENERAL. SOBRE EL VALLE DE RICOTE.

CAMINOS Y VIAS FLUVIALES.

- FRANCO SANCHEZ:

Hasta hace poco la única referencia que aportaban las fuentes árabes de la existencia de un itinerario entre Segura de la Sierra y Murcia era la escueta frase que Al-Idrïsï incluyó en su Nuzhat Al-Muštãq: «De Murcia al castillo de Segura hay 4 jornadas» [Al-Idrïsï Dozy ár. 195; trad.: 237; Dubler §94]. Tras la publicación del Uns Al-Muhaÿ, nos ha llegado un breve y muy clarificador itinerario que nos remite a este camino tan importante desde la época romana:

«La ruta (at-tarîq) de Murcia a Segura (Šaqûra): De Murcia (Mursiyya) al castillo de Molina de Segura (hisn Mulïna) -que está junto al río [Segura] - hay ocho millas; al castillo de Ricote (hisn Riqût) hay doce millas; al castillo de Cieza (hisn Siyâsa) hay seis millas; al castillo de Calasparra (hisn Qalašbãrra) hay dieciocho millas; al Monte de Cabeza de Asno (Yabal Ra’s Al-Himâr) hay diez millas; al castillo (hisn) de Uyra (?ż) hay doce millas; a la Montaña de Segura (Yabal Šaqûra) hay doce millas.

El total de esta ruta es de tres etapas, y sus millas son setenta y cinco, aunque otros dicen que son noventa millas. De Segura a Calatrava hay setenta millas. Estas fortalezas (husûn) mencionadas en esta ruta están en las riberas del Río Blanco (Al-Nahr Al-Abyad), que es el río de Murcia.» [Al-Idrïsï Uns ár.: 44-45; trad.:78]. «De Murcia a Segura (Šaqûra) hay setenta y cinco millas» [Al-Idrïsï Uns ár.: 63-4; trad.:92].

A pesar de la noticia que aporta el Uns Al-Muhaÿ, la imprecisión que muestran estos topónimos árabes impide un adecuado reconocimiento del camino. No debió conocer Al-Idrïsï en su viaje a Al-Andalus estas regiones, ni tampoco consiguió sobre ellas una información que él mismo considera suficientemente fiable, puesto que menciona en su Nuzhat Al-Muštãq que hay cuatro etapas, y en este último texto hace constar que tres; de igual modo, en este texto afirma que hay 75 millas, incluso por dos veces, «aunque otros dicen que son noventa millas», lo cual confirma su indecisión sobre el camino. Como dato referencial de gran importancia constata que la ruta estaba situada en el valle del río Segura, lo cual es cierto en parte, como se verá más adelante.

Es una pena que no aporte más detalles o topónimos para poder identificar de modo más concreto el itinerario hasta la misma Segura de la Sierra. La suma total de las distancias que nos transmite es de 78 millas, no las 75 que indica, ni las 90 que duda. Tras la anterior enunciación del camino que desde la época romana conducía desde Cartagena a Toledo, no es difícil reconocer que parte de los topónimos que cita Al-Idrïsï coinciden con este trazado. Murcia, Molina de Segura y Cieza, ya han sido mencionadas por ese motivo.

En cambio más que la ruta romana, describe Al-Idrïsï el recorrido fluvial del Segura. No podía estar en esta época la vía romana deteriorada porque en los ss. XIII-XIV hay una abundante documentación cristiana que habla de ella (en relación con el puerto de la Losilla y su portazgo -J. Torres Fontes, 1982-), señal de que perduraba en un buen uso. La ruta descrita discurre paralela a la ribera derecha del valle fluvial del Segura, en dirección a Molina de Segura, siguiendo al castillo de Ricote a través de poblaciones como, Ulea u Ojós, continuando por Blanca, donde cruzaría el río hasta Abarán, hasta llegar a Cieza. Hasta aquí se trata de una ruta lógica y reconocible sin problemas, sabemos además que estas poblaciones desempeñaron una gran importancia en la historia del período almohade en Murcia, y más aún tras el mismo.

FRANCO SÁNCHEZ, FRANCISCO (1995). Vías y defensas andalusíes en la mancha oriental. Generalitat Valenciana Conselleria d’Educació i Ciencia. Institut de Cultura Juan Gil-Albert (Diputació d’Alacant). pp. 275-277.

- AL-IDRÏSÏ-DOZY (1866). ár., trad.: Edición árabe y traducción francesa de la Nuzhat Al-Muštãq fï-jtirãq al-ãfãq de Al-Idrïsi por R. Dozy; M.J. de Goeje, 1866: Description de l’Afrique et de l’Espagne par Edrîsî. Texte arabe publié pour la première fois d’après le man. de Paris et d’Oxford, avec une traduction, des notes et un glossaire, Leiden, de. E. J. Brill, reimpresión 1968. pp. 393 + 242.

- AL-IDRÏSÏ-DUBLER (1975). ár.: Nueva edición árabe de la Nuzhat Al-Muštãq, considerando todos los manuscritos, por C.E. Dubler; E. Cerulli, et alii, 1970-1975: Al-Idrïsï (AbûcAbd Allãh Muhammad Ibn Muhammad Ibn cAbd Allãh Ibn Idrïs al-Hammûdï al-Hassanï): Opsvs Geographicum Fascicvlvs Qvintvs, Nápoles-Roma, de. Istitituto Universitario Orientale di Napoli/Istitituto. Italiano per Medio de Extremo Oriente, 1975, pp. 525-642 [Encargados de la de. crít. ár. del Cuarto Clima: M.T. Petti Suma; C.E. Dubler; U. Rizzitao; R. di Meglio].

- AL-IDRÏSÏ-DUBLER (1988). trad.: Traducción española publicada póstumamente, de C.E. Dubler, 1988: «Al-Andalus en la Geografía de al-Idrïsï»., Studi Maghrebini, Nápoles, de. Istituto Orientale di Napoli, nş. 20, pp. 113-151.

AL-IDRÏSÏ-UNS (1989) ár., trad.: Edición árabe y traducción española de la parte sobre Al-Andalus del Uns al-muhãÿ wa-rawd al-furãÿ por Jassïm Abid Mizal (de. trad. notas), 1989: Al-Idrïsï. Los caminos de Al-Andalus en el siglo XII según «Uns al-muhãÿ wa-rawd al-furãÿ», Madrid, de. C.S.I.C., 425 pp.

- TORRES FONTES, JUAN (1982). Puerto de la losilla, Portazgo, torre y arancel. Miscelánea Medieval Murciana. Dpto. de Historial Medieval, Universidad de Murcia, Murcia. Nş. 9, pp. 57-85.

- VILLUGA, J. DE (1545). Repertorio de todos los caminos de España, Medina del Campo.

- MERINO ALVAREZ:

En una y otra parte de la cuenca del río veíanse, detrás del monte de la Cabeza del Asno, el puerto de la Mala Mujer, por donde cruzaba el camino á Hellín y a Albacete, y luego la sierra de las Cabras, la del Aprisco, en término de Ricote, con la fuente Blanca, la del Peral y la de la Canaleja; el monte de la Corona Yenchar, con la fuente de la Cueva; el barranco que viene de Camxicar, las ramblas de Jumilla y del Rey Moro, la fuente de la Muerta "cabo Almorchón" y el monte que ésta cerca de la fuente del Judío, que es término de Cieza (Libro de la montería de Alfonso XI). El Municipio de la última utilizaba para riegos el agua de la fuente del Ojo (Acaso la Ain Xaitan de los árabes), teniendo como propios "las salinas que dicen del Almorchón", la dehesa de la Redonda y el Cañaveral. Entre Cieza y Abarán era objeto de contienda, para ambos pueblos, el aprovechamiento de los pastos de la sierra del Tubural y del Almarial de los Morales (Estas fuentes y deheses se citan en documentos de Cieza, existentes en el cajón correspondiente del Archivo Histórico Nacional).

(....). La cuenca Media del Segura, áspera y hecha de rocas, constituía el Guad-Ricot ó Guid Rocot, como describe Cascales, donde asentaba el lugar Assojairat ó Assajur, de evidente alusión a sus bravíos peñascos.

(....). En el antiguo Guid Rocot las colonias de moriscos sostenían una prosperidad creciente, que se reflejó en Cieza hasta el momento en que la asolaron los musulmanes de Granada. Entre Negra (Blanca) y la Sierra de Pila quedaba la Ruelda ó Puerto de la Losilla, uno de los de mayor tráfico del Reino.

MERINO ALVAREZ, ABELARDO (1915). Geografía Histórica del territorio de la actual Provincia de Murcia, Madrid. Reedición Murcia 1981. pp. 203-204

ver también: COLON, F. (1910). Descripción y cosmografía de Esaña. Impr. Patronato de Huérfanos del Ejército, tomo II, Madrid.

- GASPAR REMIRO

Gracias a las valiosas indicaciones que se contienen en el códice árabe de autor anónimo, titulado "Tratado de Geografía" (Quitabo, p. 21) respecto de la ciudad de referencia, podemos aducir nuevas y más precisas noticias que resuelven en nuestro sentir, satisfactoriamente no solo su verdadero lectura, sino también su correspondencia actual con la población llamado Ojós, que antepusimos al traducir el texto de la capitulación. Al describir el autor del susodicho códice el curso del Teder ó Segura en su descenso hacia Murcia, fija la confluencia con este del que llama el río Monjux, refiriéndose sin duda al llamado hoy Mundo, en un terreno donde, dice, se hallan minas de cobre de más excelente calidad que el de otras regiones de la tierra y del cual se hacía gran exportación á las ciudades del Yemen, del Irac, de la Siria y otros países: menciona á continuación que el Segura recoge también las aguas del llamado Calasparra, y luego penetra por la angostura ó desfiladero llamado de la Fuente Negra, constituyendo dicha angostura y fuente una de las maravillas del mundo. Pues la angostura viene a ser como si por creación divina se hubiese realizado un corte en medio de una montaña de mármol rojo, quedando a derecha e izquierda dos muros que miden aproximadamente cincuenta codos de elevación. La angostura mide de longitud la distancia de cuatro parasangas; su mayor anchura tiene la medida de un marjal y la cuarta parte de éste su mayor estrechez. Por la maravillosa angostura, sigue diciendo el autor, penetran las almadías ó balsas de maderos, que descienden por dicho río hasta Murcia y más abajo de ella, y á su extremo se halla la Fuente Negra, que brota en medio del cauce del río, descubriéndose en su fondo el agua propia de dicha fuente, la cual es grata al paladar, y se dice que de ella se suministraban los cristianos de la ciudad de Ojós? que fue una de las que entregó por capitulación Todmir (Teodomiro), príncipe de los cristianos a Muza, hijo de Noseir, cuando acaeció la conquista de España. Y dicha fuente, dice con insistencia el autor, daba riego a todos los campos de aquella ciudad, habiendo sido elevadas sus aguas, al efecto, por los cristianos. La lectura de este pasaje nos llevó a conjeturar que la ciudad del tratado podía leerse muy bien Oyyoh, y que correspondiese a la actual valla Ojós del término judicial de Cieza. Puestos en comunicación inmediata con personas prácticas en el terreno de referencia, llegamos a persuadirnos de la realidad de nuestra sospecha ante los datos precisos que nos han sido facilitados y que se ajustan perfectamente a la narración del autor del manuscrito de la Biblioteca Nacional antes citado. En efecto, de la confluencia del Quipar o Quipar con el Segura parte el maravilloso estrecho del cauce del último de esos ríos, que tnto llama la atención de sus visitadores, y conocido hoy con el nombre de Almadenes del Segura. Causa verdadero asombro ver precipitarse las aguas por el profundo recorte de aquellas montañas, que tan sólo al mandato de Dios parece se abrieron para dar paso a tan inmensa mole de agua. A continuación de la angostura se halla una fuente que hoy se denomina el Borbotón de Cieza y que, sin duda, es la misma que el anónimo árabe citado llama con razón la Fuente Negra, porque cuando las aguas del Segura se enturbian por alguna crecida, se ve como una mancha oscura en dicho sitio, producida por la mezcla del agua clara con la turbia. En una de las márgenes del río brotan otros manantiales de la misma fuente, en los cuales s observan todavía vestigios de obras antiguas, hechas, al parecer para elevar las aguas y encauzarlas, a fin de dar riego a los campos de Ojós y de otros pueblos. Se dice que la referida fuente tiene su origen en la sierra del Puerto, o sea, en la cordillera que se halla situada frente a la estación de la vía férrea de Callaspara, donde hay una cueva en la que varios curiosos han observado un ruido grande de agua, acompañado de una fuerte columna de viento, y aseguran haber visto salir por el dicho Borbotón o Fuente Negra, la cascarilla de arroz arrojada por aquella cueva. .

GASPAR REMIRO, MARIANO (1905). Historia de Murcia musulmana, Zaragoza. Reedición de la Academia Alfonso X el Sabio, Murcia, 1980. pp. 33-35.

- MERINO ALVAREZ:

La angostura está admirablemente retratada en las anteriores líneas, dándose en ellas la sensación del soberbio espectáculo que, en la realidad, ofrece la masa líquida al precipitarse entre la hienda abierta en las laderas montañosas. Y a continuación de la angostura se halla el Borbotón de Cieza, manantial dentro del río, cuyas claras linfas destacan como mancha oscura entre las turbias ondas arrastradas por éste durante la época de las grandes crecidas. En una de las márgenes del Segura brotan otras fuentes y hay restos de obras como para el riego de los campos de Ojós y demás pueblos del valle. Uno de éstos es Blanca (antiguamente era Negra, pero la Orden de Uclés le llamó Blanca, que acaso tenga algo que ver con el Borbotón citado y que quizá sea el Ojos de Satanás ó Ain Xaitán, del manuscrito árabe (Aben Hayan, p. 89). Este autor, Aben Hayan, llama al río, Taderus (Tader), antiguo nombre hispano-latino muy olvidado en aquellos siglos: lo general era denominarle Segura ó Nahr el Abiad (río Blanco), y Cascales (1980) dice "que era en lengua árabiga Guadharhuala y en castellano río de Origuela.

MERINO ALVAREZ, ABELARDO (1915). Geografía Histórica del territorio de la actual Provincia de Murcia, Madrid. Reedición Murcia 1981.

 

- CEBRIÁN ABELLÁN

Al 21 capitulos dezimos que esta dicha villa es abundosa de agua por el dicho rrio que por ella pasa de donde se proueen los vezinos della y allende del dicho rrio las fuentes que de agua notables y sana en ella ay y en sus terminos son las siguientes la fuente el Borboton, la fuente de la Cueba barque de la dicha sierra de la Cabeça el Asna, la fuente la Murta que naçe a la alda y solana del dicho Almorchon la fuente del Rey la qual por su exçelencia de agua y porque el rrey de Carauaca beuia de ella se nonbra la fuente del Rey, la fuente de Madronnal y de otras aguas notables son la fuente el Ojo que rriega la mayor parte de la huerta deste villa desta alta parte el rrio y la del Carahiche mayor y las fuentes de Ascoy y del Judio y otras pequennas fuentes que no ay que hazer caudal ny mençion dellas y en quanto a la molienda desta villa ay dos molinos el vno del Comendador y encomienda della que muele con la dicha fuente el Ojo y el Alto de los Regidores perpetuos desta villa Manuel y Feran Perez Marin y si acaso con alguna alluuion se quiebra el açequia del dicho molino de los dichos rregidores o el otro se quebra o para por alguna ocasion van a moler a las villas de Mula, Calasparra que ay çinco leguas y a otras partes mas propincas.

CEBRIÁN ABELLÁN, AURELIO (1992). Relaciones topográficas de los pueblos del Reino de Murcia (1575-1579), Universidad de Murcia, p. 104

EL CASTILLO DE RICOTE

- ALONSO NAVARRO

Anteriormente a la invasión musulmana del siglo VIII habían existido ya en Ricote pobladores prehistóricos, así como colonias fenicias, romanas e íberas (parajes del Carrerón, Pino Doncel, Rife ...)

ALONSO NAVARRO, SERAFÍN (1990). Libro de castillos y fortalezas de la Región de Murcia, Murcia, p. 263

- MOLINA LOPEZ

En las fuentes árabes aparece como la qaria o alquería de Riqût en al-Razi, lugar por donde el Segura marcha encajonado entre montañas.

MOLINA LOPEZ, E. (1972). La cora de Todmir según al-c Udrî siglo XI. Aportaciones al estudio geográfico-descriptivo del SE penicular. Cuadernos de Historia del Islam, núm. 4. Granada. Vid Al-Udri. p. 35

- LEVI-PROVENCAL

El Ricote de hoy se encuentra al pie del Hisn al-Sujur o castillo de los Peñascos, donde según al-Himyarî fue el lugar donde Ibn Hud se hizo fuerte contra los almohades, partiendo de allí a la conquista del antiguo reino de Murcia, expulsando a los africanos.

(HIMYARI). LEVI-PROVENCAL, E. (1938). al-Munc im al-Himyarî. La Peninsule Ibérique au Moyen-Age d’aprés le "Kitâb ar-Rawd al mi c târ fî habar al-aktâr "d’Ibn c tAbd Leiden. p. 180

 

- IBN HAYYAN

Esta fortaleza de Ricote ya en tiempo de los Omeyas fue objeto de su atención. Ibn Hayyan (Ibn Hayyan, 1937:117) cita su conquista por el ejército cordobés, antes de llegar a Murcia a fin de someter a los rebeldes de Todmir.

IBN HAYYAN (1937). Kiab al-Muqtabas, parte III, edición M. Martínez Antuña, P. Melchor, Paris; edición 1. al-’Arabi, Rabat, 1990; edición Dar al-Awqaf, Rabat 1990; Trad. esp. J. Guaraieb, CHE, XIII (1950) al XXXI-XXXII (1960).

ULEMAS Y FILÓSOFOS EN RICOTE.

- ORTEGA LÓPEZ

Murcia era refugio de gentes que buscaban un lugar de relativa tranquilidad en el revuelto al-Andaluz de esos años de agonía del califato de Córdoba. Sobre rica era culta, como demuestran los grandes ingenios que dio el mundo cultural hispano-árabe. Y si Murcia era refugio de tranquilidad no menos lo era el Valle de Ricote. Desde antiguo fue retiro espiritual, místico y filosófico de esos grandes e ilustres varones que, entre peñas, se recogieron en oración y pensamiento. Esto ya lo vimos al recoger la presencia de Aben Hud en Ricote para recibir el baño espiritual de los ulemas antes de lanzarse a la lucha; como lo hacían tantos hombres que llegaban hasta Ricote en peregrinación a oír los sabios consejos y las pláticas de los ulemas allí residentes. Esta comunidad de místicos se refugió en Ricote desde los comienzos de la invasión musulmana y, con seguridad, a finales del siglo IX.

ORTEGA LÓPEZ, SACERDOTE DIMAS (1990?). Libro III, Aproximación a la historia de Ricote, Cabo de Palos. p. 381

 

MONTES EN RICOTE

- ALFONSO XI

En tierra del Maestre de Santiago hay estos montes. Los que son en término de Ricote son estos:

La sierra del Aprisco es buen monte de puerco en ivierno et hay en él estas fuents: la fuente del Peral, la fuente Blanca, la fuente de la Canaleja.

El monte de la Corona Yenchar es bueno de puerco en ivierno, et hay una fuente quel dicen de la Cueva.

El monte de las Salinas de Yenchar es bueno de puerco en ivierno.

El Barranco que viene de Camxicar es buen monte de puerco en ivierno.

Hasta aquí son los montes de término de Ricote:

La fuente del Rey Moro es buen monte de puerco en ivierno.

La fuente de la Muerta cabo Almorchon es buen monte de puerco en ivierno, et á las veces hay oso en tiempo del madroño.

El monte de la Cabeza del Asno es bueno de puerco en ivierno.

El monte que está cerca de la fuente de Judio, que es en término de Cieza, es bueno de puerco en ivierno.

ALFONSO XI (1976). Libro de la Montería. Reedición Velázquez, Madrid. pp. 289-290

CEMENTERIO EN RICOTE

- POZO MARTÍNEZ

Pocos datos poseemos del resto de ciudades, castillos y alquerías de la Región en lo referente a los cementerios ya que la inmensa mayoría están aún por excavar y las fuentes escritas no aportan prácticamente ningún dato al respecto.

En Ricote se han excavado algunas sepulturas en el denominando Cabezo del Aljezar. Presentan una serie de rasgos comunes que podrán caracterizar a otras necrópolis andalusíes del medio rural: fosas estrechas abiertas directamente en la tierra con una profundidad media en torno al medio metro, banco o caja perimetral sobre el borde de la fosa para asentar la cubierta de la lajas de piedra y ausencia absoluta de superestructura o túmulo funerario. En cuanto a los cadáveres, disposición en decúbito lateral derecho, orientación NO-SE, rostro hacia SE y piernas ligeramente flexionadas. Cabe destacar la extrema sencillez y austeridad de estas tumbas extensibles a otros enterramientos de la Región como los de "Villa Vieja" (Calasparra), Puebla de Mula, Pliego de Mula, Mazaron, Cartagena, Caravaca, etc.

POZO MARTÍNEZ, INDALECIO (1990). Guía Islámica de la Región de Murcia. Murcia. p. 120

ver también: SANCHEZ-PRAVIA, JOSÉ (1987). Una necrópolis musulmana en el Cabezo del Algezar (Ricote, Murcia). Arqueología Medieval Española. II Congreso. Madrid 19-24 enero 1987. Tomo III: Comunicaciones, Madrid, ed. Comunidad Madrid/Asociación Española de Arqueología Medieval, Tomo III, pp. 149-156.

CAGITÁN


- JUAN TORRES FONTES.

Por el camino de Cieza a Mazarrón se llega a la meseta de Cagitán. Por este itinerario, Cagitán ofrece una perspectiva más interesante. Por la ruta de Albudeite hay que subir hasta el emplame de este antiguo camino cerca de Mula, y caminar unos kilómetros hasta dar con la llanura.

La ruta de Cieza es variada y da ocasión para meterse dentro del campo por un camino de herradura que parte de la Venta del Palomín. De Cieza se toma por la margen derecha del río Segura, y pronto se escala hasta dejar la ciudad a vista de pájaro. Luego de una marcha de diez kilómetros se sube la cuesta de la Herrada y se llega a la Fuente del Rey, lugar muy cultivado de pinos y de algunos huertos. Desde lo alto se ven perfilados los Cabezos Negro, las cañadas de olivos y las lomas cubiertas de esparto.

EL SALTO DE LA NOVIA DE ULEA.

- MARIN OLIVER.

Existen una leyenda del "Salto de la Novia" de Ulea que dice así:

El hijo del rey moro de Ulea (una vez cristiana) fue por su novia, ésta, hija del rey moro de Ricote y, cuando volvía con ella sobre su caballo, vio que le perseguían los moros de Ricote y, viéndose alcanzados saltó sobre los peñascos que formando precipicio bordeaban el río, desapareciendo con la novia y el caballo bajo las caudalosas aguas del Segura.

MARIN OLIVER, ANTONIO Y OTROS (1992). Historia de Ulea: la bella prisionera. Consejería de Cultura, Educación y Turismo de la Comunidad Autónomo de Murcia. Imprenta Regional. Murcia. p. 20

- JUAN TORRES FONTES.

Entre Ojós y Villanueva, y a orillas del río, ay una barbacana frente a la sierra alta de Solvente. La carretera inclinada se acomoda a las irregularidades del terreno, y en el espacio recto comprendido entre dos curvas está el Salto de la Novia.

El nombre de esta parte del Segura, se debe a una leyenda que todavía se conserva junto a otras del tiempo de la Reconquista. Por el lado de Ulea, Ricote, Ojós y Villanueva, se cuentan historias de moros y cristianos: unas dramáticas, y otras heroícas, algunas casi milagrosas, como la que acaeció a dos enamorados y un moro principal, de quien se dice que era rico y poderoso.

Parece ser, que el moro conoció a una joven ricoteña a punto de casarse. Era tan bonita la muchacha que se prendó de ella. Desde entonces, una pasión fuerte turbó la vida del árabe, decidiendo por todos los medios hacerla su esposa.

Enterado el joven cristiano, prometido de la doncella, adelantó la boda, y un día, sigilosamente, salieron juntos de Ricote en un hermoso caballo. Se cuenta que el moro tenía vigilado el pueblo, dispuesto a raptar a la muchacha en la mejor ocasión. Eran tiempos de buenas relaciones políticas, y la antigua hegemonía que el árabe tuviese en el Val se había debilitado. Entre detalles que enriquecen la aventura de El Salto, se dice que el moro enviaba a la doncella poemas declarándole su amor.

Lo cierto es, por lo menos, así queda en algunas referencias de las muchs que corren, que la pareja cristiano fué perseguida por los hombres del moro, y al llegar a este punto del río se vieron acosados y perdidos. A instancia de la joven esposa, saltaron sobre el río. La muchacha apretada al marido le abrazó fuertemente. El caballo relinchó herido en los ijares, y un momento quedó perfilada en el vacío la figura de los enamorados. Poco después se les vió cruzar bajo los naranjos y limoneros de la orilla opuesta.

TORRES FONTES, JUAN (1957). Murcia. Pueblos y Paisajes. Edición del Patronato de Cultura de la Excma. Diputación Provincial de Murcia. p. 320

- ARMINAÑA CATALÁ.

Medieval territorio de Ordenes el que se extendía por el valle de Ricote. Allí, la quebrada cuenca del río mantiene, con parajes de indiscutible belleza recuerdos de un pasado remoto, duro y batallador con fragorosos encuentros entre las resnadas de castilla y los ejércitos musulmanes, algaradas de la Reconquista propicias para fabular historias, como de amor situada en mínimo del pueblo de Ulea, protegido por la Encomienda de Uclés.

Contaba el Comendador de Santiago, entre sus hijos, con una joven de reconocida belleza que, recluida en el castillo, se enamoró de un oficial de la fortaleza cristiana, famoso por su valentía y decisión en la lucha con los árabes. Preservar los territorios de las incursiones enemigas, era el oficio de los mozos santiaguistas. Y por ejercerlo, hubo de salir una mañana el arrojado capitán con sus soldados, en busca del enemigo del que supo merodeaba por aquellos territorios.

Varias fueron las jornadas transcurridas hasta avistar los cristianos a la hueste enemiga. Vísperas del encuentro, vivaquearon en una rambla, planeando el combate que al amanecer del siguiente día tuvo lugar, enfrentándose ferozmente unos y otros. Por horas se mantuvo indecisa la batalla y en ella, rivalizando con los suyos, viose al capitán que internado en las filas enemigas conseguía abrir brecha a mandobles, hasta que, herido, saltó del caballo, con fuerzas todavía para clavar su daga en la garganta de un árabe, a cuyos gritos acudieron con gran saña/varios moros que al doncel/le dieron muerte a mansalva. Por lo último decidiose la lucha a favor del bando cristiano, aun a costa de numerosas bajas. En la suave ladera que cerraba el dilatado llano donde la lucha tuvo lugar, quedaron sepultados los muertos de la Encomienda.

Reordenados los restos del ejército vencedor, retornaban jubilosos al castillo, donde la hija del Comendador esperaba la vuelta de su enamorado capitán. Llegado la columna, bajo a buscarle, pero su padre al tiempo que la abrazaba,/le dijo; "ˇComo un valiente/entregole a Dios el alma!". La noticia anonadó a la muchacha, que corriendo por las galerías del castillo, buscó refugio en le soledad de su aposento.

Hubo fiesta aquella noche en la fortaleza para celebrar el triunfo cristiano. Mas cuando las horas jubilosas discurrían, alguien recordando el heróico capitán pensó en la amargura que invadiría a la joven enamorada. Fueron en su busca sin hallarla en el castillo. Se supo después que enloquecida de dolor, vagando de un lado a otro, decidió rescatar el cadaver del caballero, saliendo al campo sin dar con él. Desconsolada y sin otra obsesión que la muerte, anduvo por la alta quebrada cuyo fondo encauza el río, y al llegar a un peñasco lanzóse al vacío, cayendo sobre el torbellino dl agua que, en aquellos lugares corre en sonoro y alborotado caudal; Por el Salto de la Novia/se conoce en la comarca/el paraje que se cita/en esta leyenda trágica.

Tres versiones consiguió el recopilador, de esta leyenda; la pareja de amantes cristianos y moro principal que enamorado de la muchacha hace perseguir al joven matrimonio; la de Abnt Hud, rey de Ricote, y el correspondido amor por la hija del rey cristiano; y la que se recoge en texto, quizá menos recordada.

ARMIÑANA CATALÁ, VICENTE (1981). Nuestras Leyendas. Coleccionable La Verdad. Con el patrocinio de la Caja de Ahorros provincial de Murcia. p. 9

ARQUEOLOGIA EN ABARÁN.

- MANUEL JORGE ARAGONESES

Los primitivos asentamientos de población, detectados por metodología arqueológica dentro del actual término municipal de Abarán, se aglutinan en torno a varios accidentes fisiográficos importantes, a saber: la Vega Alta del Segura, las Ramblas de Jumilla o del Judío y la del Moro, la Sierra del Oro y las formaciones de la Sierra de la Pila.

Entre los años 1940 y 1960 llevó a cabo las labores de prospección arqueológica de esta zona D. Antonio Valiente Atué, de Blanca. Entre 1960 y 1970 fueron Antonio Yelo Templado y D. José Joaquin Herrero quienes habían de continuar en este empeño.

Al período Bronce Y (años 2100-1700 a JC.) corresponden las estaciones de la Umbría y la Cueva de la Excomunión).

La Umbría del Mortero se sitúa en la Montaña de Oro por encima del Santuario del mismo nombre y en ella recogió el P. Yelo un hacha pulimentada de porfiro y un idolillo de hueso, eneolítico, colgante.

La Cueva de la Excomunión, también conocida con el nombre de Cueva de la Comunión, se localiza en el monte público de la Sierra de la Pila a 720 m. sobre el nivel del mar. Su boca, orientada al N-NE., da paso a una oquedad de unos 50 m. de profundidad y una anchura máxima de unos 10 m.; la mayor altura alcanzada en el interior de la cueva mide unos 10 m. Suelo y techo convergen progresivamente hasta encontrarse. El acceso más cómodo para llegar a ella ha de verificarse por el desvió que partiendo de la carretera del Puerto de la Losilla a Yecla, conduce a la altura del Km. 13 a las Casas del Boquerón. La cueva fue explorada el año 1972 por Cayetano Herrero González, Antonio Navarro Gómez y Martín Pérez Herrero, miembros del Grupo González, Antonio Navarro Gómez y Martín Pérez Herrero, miembros del Grupo Hinneni, de Jumilla, quienes recogieron un hueso de extremidad de roedor con epífisis perforada para utilizar como colgante, y de factura semejante a los hallados en los yacimientos jumillanos de El Prado y Cueva del Peliciego; dos raederas de silex; microlitos, buriles y fragmentos de hoja de cuchillo de sección trapecial, también de silex, y un fragmento de vaso globular, modelado a mano, de pasta negra y paredes gruesas. En la actualidad esta cueva que en su origen sirvió como lugar de enterramiento, es aprovechada como refugio de ganado cabrío. La ocupación de Abarán por los metalúrgicos del Bronce II (años 1700-1200 a JC.) la confirman los asentamientos protohistóricos del Cabezo de la Carrahila y del Cabezo del Piricu de la Mina.

El Cabezo de la Carrahila o Carraila, lo delimitan el barranco de este nombre y la margen izquierda del río Segura, por donde corre la carretera Abarán-Blanca; a su vez, el citado barranco le separa por el E. del Cabezo del Piricu de la Mina. El yacimiento, dista un Km. de Abarán en dirección S-SE. y su importancia estratégica la acrece la circunstancia de que el Cabezo es sólo accesible por el SO. D. Joaquín Herrero y D. Antonio Yelo, entre los años 1962 y 1965, recogieron en la superficie de este poblado numerosos fragmentos de cerámica argárica y molinos barquiformes, reconociendo varias alineaciones de muros de sus viviendas (Museo de Murcia, Sección de Arqueología, Sala II, vitr. 5).

El vecino Cabezo del Piricu de la Mina, denominado, asimismo. por los abaraneros "Cabezo del Judío" y "Monte de las Flechas", queda bordeado por el Barranco del Judío, la carretera de Abarán, población a su estación de FF.CC. y la de Abarán-Blanca. El promontorio es cabeza de un lomo prolongado de unos 400 m. de longitud. De él proceden varios fragmentos de cerámica argárica, unos cocidos de fuego oxidante, otros a fuego reductor, y varios trozos de molinos barquiformes.

De implantación ibérica (siglos VI-I a JC.) son otros dos yacimientos abaraneros, el de El Boquerón, explorado por mí en 1965 y el de El Cabezo de la Corona que había denunciado en 1964 (el blanqueño) Valiente Atué.

El de El Boquerón dista unos 20 Km. de Abarán, localizándose aguas arriba de la Rambla del Moro sobre una llanura dedicada a la explotación del esparto, en el paraje conocido como "Casa de Gabriel el de la Valentina". Se accede al yacimiento por una desviación de la carretera del Puerto de la Losilla a Yecla. En el área arqueológica afloran alineaciones de muros construidos con mampostería careada, abundando los fragmentos de cerámica ibérica pintado de estilo geométrico y algunas muelas circulares de molino.

El Cabezo de la Cobertura en el pago de la Corona debe su nombre al perfil de corona real que posee. En 1964 el espeleólogo, Pedro Fernández Molina, halló en el fondo de una sima de escasa profundidad fragmentos de cerámica ibérica de estilo geométrico.

Como es frecuente en el Sureste, los pobladores argáricos del Cabezo de la Carrahila y del Cabezo del Piricu de la Mina fueron reocupados por gentes ibéricas. En el primero aparte de cerámicas indígenas pintadas, se hallaron trozos de vasos campanienses; en el segundo aparecieron algunos molinos circulares y las típicas cerámicas pintadas.

La romanización del territorio ofrece por el momento una imagen no suficientemente clara. De una parte tenemos constancia de la existencia de cerámica romana tardía (sigillata clara) en El Cabezo de la Carrahila que revelan una ocupación hasta fecha avanzada de los puntos estratégicos. De otra, la presencia de una organización agrícola, pacífica en las villae rusticae de Román dotadas de un complejo sistema de regadío y abastecimiento de aguas que existieron en la Rambla de la Raja en el tramo inmediatamente anterior a su confluencia con la Rambla del Moro y sobre el actual límite entre los términos municipales de Abarán y Jumilla. La excavación de la Casa de los Cobos de Román y de la Alberca en el mismo paraje han demostrado que dicha villae se ubicaron y coexistieron en núcleos de población ibérica perdurando desde la época de los Julio Claudios hasta los últimos tiempos del Imperio.

El recorrido arqueológico por el municipio termina con la obligada alusión a la ocupación musulmana. Revelador de núcleos de población estáticos son los restos de una atalaya -en la cumbre- y de un cementerio -en la ladera- del Cabezo de la Cobertera, en el pago de La Corona, situado a unos 3 Km. al SE. de Abarán y cuya primera ocupación, arqueológicamente probada, fue la ibérica, según antes se indicó. De este yacimiento proceden numerosos fragmentos cerámicos correspondientes a los distintos tipos musulmanes de la segunda mitad del s. XII y primeras décadas del s. XIII, así como alguna moneda de plata y bronce de la misma cultura y cronología.

Dejados por pastores trashumantes árabes o moriscos e indicadores, por tanto, de paso breve o cuando más de temporada, son unos lotes de cerámicas vulgares, de pastas, grises unas veces, rojas otras, de paredes gruesas y cuya única decoración consiste en unas bandas de ondulaciones digitales que aparecen en distintos puntos de la Sierra de Oro, conocidos con los nombres de Pico del Aguila, Umbria del Cuchillo, Fuente de Benito, Las Ventanas e inmediaciones del propio Santuario del Oro.

JORGE ARAGONESES, MANUEL (1974). Abarán. Arqueología. Patronato de cultura de la excma. diputación provincial de Murcia, Murcia. pp. 15-17

EL PUERTO DE LA MALA MUJER

- ALONSO LUZZY.

En la linde divisoria de las provincias de Albacete y Murcia, al costado de la carretera nacional, todavía mantiene en pie sus paredes maestras, la que fue conocida como Venta de la Mala Mujer, denominación tomada al Puerto del mismo nombre y que bajo éste aparece como tal documentado en testimonios de la baja Edad Media.

El tiempo ha confundido, para la leyenda, el paso que enfrenta al monte de la Cabeza del Asno, con una presunta y perversa ventera, dechado de sensualidades, acometiendo a viajeros y viandantes que osaban pedir hospedaje en el solitario mesón próximo al que fuera camino real de la seda. La leyenda, ya dijo, enmadeja un antiquísimo suceso que conviene desenredar, porque la anterior existencia del puerto, respecto de la posada, así como el significativo topónimo que lo identificara, nos ponen sobre la pista de algún legendario suceso, sobre el que los siglos han sepultado cualquier indicio de explicación.

Así las cosas, solo nos resta, hecha la anterior salvedad, aceptar la tradición de la mesonera, tan hermosa como malvada, tomando de Antonio de Hoyos, que tanto contribuyó a divulgar la fantasía, el inmejorable relato que sobre el asunto publicara.

"Se cuenta, que una hermosa ventera de ojos azules, dorada por el sol del Renacimiento, dio en la manía de enamorar a los viajeros de su gusto en hacían noche en la venta. Paseaba con sus enamorados por la falda del Picarcho y por el lado de la Sierra de la Cabeza. Se cuenta que la ventera salía de noche y sentía gran atracción por el último rayo de sol de la tarde. A pesar de las ideas del tiempo nuevo, extrañaba su conducta, y su honor fue puesto en entredicho".

"Una vez apreció muerto un hombre joven en una de las habitaciones. Se indagó el asunto, y todo hizo sospechar que se trató de un suicidio. Poco tiempo después, un pastor dio cuenta de haber visto un hombre muerto cerca del Picarcho, y como meses antes, el asunto tampoco se puso en claro. El suceso se repitió, y un testimonio rotundo de culpabilidad condenó a la horca a la hermosa ventera.

ALONSO LUZZY, RAMÓN (1981). Nuestras Leyendas. Coleccionable La Verdad. Con el patrocinio de la Caja de Ahorros provincial de Murcia. p. 39

EL CASTILLO DE BLANCA.


- ALONSO NAVARRO

Blanca se asoma al cauce extendiéndose a la falda de la Peña Negra en las estribaciones de la Sierra de Solán. Precisamente en estos riscos que encumbran la población y se orientan al suroeste, se levantó a comienzos del siglo XII, una fortaleza de singular importancia, que fué llave de la Encomienda y Valle de Ricote por el norte, como Archena lo fué por el sur y siempre dentro del cauce fluvial de Segura., a 80 metros sobre él. El castillo fue mejorada y ampliada en el XIII durante la rebelión del caudillo Ibn Hud contra los almohades.

os restos de la fortaleza, presenta derruidos los lienzos de muralla interiores, y las torrs están muy mermadas en su primitiva altura que debió alcanzar los 12 metros, como acreditan otras construcciones del mismo periodo. Presentan señales de haber tenido dos cuerpos y la terraza almenada, y muestras ventanas de arco y saeteras. La materia empleada es de argamasa de gruesa textura y una anchura de muros de unos 90 centimetro reforzados con contrafuertes y apoyos laterales para conseguir "zunchar" el recinto defensivo e impedir se agriete la obra de fábrica.

Sobre la montaña, controlaba una grane extensión del valle morisco desde las huertas de abarán y Cieza -allá al fondo siluetadas por la bruma- y hacia el desfiladero del Solvente (sorbente) donde el rio vuelve a encajonarse entre los estrechos y verticales farallones de roca.

ALONSO NAVARRO, SERAFÍN (1990). Libro de castillos y fortalezas de la Región de Murcia, Murcia, p. 95-96

- GONZALEZ SIMANCAS

Este cambio de nombres (de Negra en Blanca) tan distintos nos demuestra la poca confianza que deben inspirar las etimologías en muchos casos para buscar el de las poblaciones antiguas, y eso que el de esta es inexplicable que se trocara por el del color antitético, puesto que su origen quizá se debió á hallarse situada en la falda de un cerro que dicen La Peña Ñegra por ser el único que en toda la comarca aparece formado por la roca feldespática llamada andesita augítica.

El castillo dominaba el estrecho valle que riega las aguas del Segura, y de su recinto ya no quedan más que las cementaciones y tres torres, tal vez las de mayor fortaleza por hallarse situadas en el frente, que flanqueando la posición por las alturas meridionales, resulta más débil. Apartándose de la forma general de las construcciones militares árabes que hasta aquí dejó catalogadas, esta en que me ocupo, sarracena también y fabricada de argamasa, ofrece la particularidad de no ser macizo el torreón central que aparentando reforzar la cortina á manera de contrafuerte, sirve en realidad para aumentar el poder de la defensa con el cruce de tiros, ó de fuegos que diríamos ahora, batiendo apenas sin espacios muertos la primera zona polémica en la que, según parece, no hubo obras de fortificación.

Destruidos los mismos que daban frente al interior del castillo hoy es imposible precisar cual fué la forma de cubiertas que tuvieron estas torres en las cuales se conservan, probando que tuvieran por lo menos dos cuerpos, los huecos de arco semicircular de algunas ventanas y alteras, estas últimas con el plano inferior muy pendiente y la ventanilla casi tan ancha como alta, sin dudad para ensanchar el campo de tiro á costa del menor resguarda del defensor.

GONZÁLEZ SIMANCAS, MANUEL (1905). Catálogo monumental de España. Provincia de Murcia,. vol.. I. Se encuentra manuscrito en el Insitituto "Diego Velázquez" del C.S.I.C. pp. 103-104

 

 

- SANTIAGO MARTÍNEZ BRU.

En alguna ocasión he hablado del Castillo de Blanca con mi amigo D. Antonio Yelo, Profesor de Historia Medieval en la Universidad de Murcia y hemos llegado a la conclusión de que los restos actuales son los restos de la parte más alta y más fuerte de la Alcazaba musulmana. Era un castillo dentro de otro castillo. La Alcazaba comprendía desde la Peña Negra hasta el actual castillo y desde las cuatro esquinas (donde se unen la calle del Castillo con la calle Aranda) hasta las cretas de arriba, en la sierra. Todo ese espacio estaba amurallado.

MARTINEZ BRU, SANTIAGO (1994). Pregón de fiestas. En: libro de fiestas de Blanca. p. 14.

LAS FIESTAS DE SAN ROQUE (BLANCA).


- SANTIAGO MARTÍNEZ BRU.

Lo más curioso de Blanca eran, y siguen siendo, sus dos san Roques, el de Abril y el de Agosto. Yo era entonces monaguillo y D. Luis, el Señor Cura, me contaba el origen de las fiestas de Abril: En el siglo XVIII posiblemente, hubo una epidemia de peste. Blanca se libró; había hecho el voto a San Roque. Este voto consistía en que, al menos un miembro de cada familia, habría de ir en romería al campo, a la ermita. El cabildo de la Catedral de Murcia se refugió en Blanca para librarse de la peste.

Queda un cáliz, que yo he tenido muchas veces en mis manos, con los cuatro santos de Cartagena, San Leandro, San Isidoro, San Fulgencio y Santa Florentina, esculpidos en el pie. Fue un regalo del Cabildo.

Sé que es la fiesta que se ha conservado con mayor fidelidad, pero voy a recordar algunos detalles:

Cuando llegaban las fiestas de San Roque de Abril, lo más importante era: el miércoles, el tío de la pita; el jueves, las vísperas; y el viernes la romería.

El campo de Blanca era secano y alrededor de la Ermita, todo piezas de oliveras. Debajo de cada olivera el almuerzo, después de la misa, por la mañana. Tortilla, conejo frito, ensalada y pan, el que podía. Resulta extraño que nombre el pan cuando hoy es algo tan normal. Lo nombro porque entonces sólo se comía pan de cebada, mejor dicho chuscos de cebada, que llamábamos banderillas.

Después los bailes de San Roque en la Plaza, los cohetes y las tracas.

Las fiestas de San Roque de Agosto se vivían mucho más, porque duraban desde el día que se descargaba el primer camión de tablones para hacer la plaza, hasta que la quitaban. Los toros los traían andando, desde la provincia de Jaén, casi siempre, o de Albacete. Ya van por tal sitio. Ya están en la Venta del Olivo. Ya han llegado a San Roque. Había que ir a verlos, andando o en bicicleta.

El día del encierro bajaban a la Rambla de San Roque, en Baina; y desde allí, andando, hasta la puerta de Pinar. En la puerta de Pinar empezaban los primeros palos, y a correr hasta la Plaza. Siempre se hacía al medio día. Yo miraba desde la ventana del coro de la Iglesia al graderío de todos los colores y algunos paraguas y sombrillas, con un sol asfixiante y se oía el grito de ahora, ahora. He presumido siempre diciendo que por aquí, por esta plaza, han pasado los mejore toreros: Juan Montero, Pedrés, Andrés Hernando, étc.

MARTINEZ BRU, SANTIAGO (1994). Pregón de fiestas. En: libro de fiestas de Blanca. p. 14.

FUENTE DE DIABLO.

- VALLVÉ BERMEJO.

En relación con la ubicación aproximada de Ayn Šaytãn (Fuente de diablo) esto no plantea demasiados problemas, pues podría situarse entre Alhama de Murcia y Aledo, como sugiere J. Vallvé.

VALLVÉ, BERMEJO, J. (1972). La división territorial de la España musulmana. La cora de Tudmir. Al-Andalus, XXXVII. p. 177.

- MOLINA LÓPEZ.

Es interesante saber que en el entorno territorial de Mula se conoce la existencia de un Cagitán o Canjintán1 (Hernández, 1978:208-209), ampliamente citado en el siglo XIV en los Documentos de Pedro 1 y Alfonso XI en cartas dirigidas al Consejo de Mula y en el Catastro de Ensenada, como "Campo que dizen de Camixtán" o "Campo de Camixitan" y que podría estar relacionado con el citado en el texto.

MOLINA LOPEZ, EMILIO (1995). Aproximación al estudio de Mula Islámica, Murcia. p. 34

- 1. HERNÁNDEZ CARRASCO, CONSUELO VŞ (1978). El árabe en la toponimia murciana. En: Anales de la Universidad de Murcia. Volumen XXXIV. pp. 208-209

- GONZALEZ CASTAÑO.

Hoy se conoce como Cajitán una pequeña comarca situada al Norte del territorio de Mula, entre los términos de Cehegín y Calasparra, Ricote y Cieza, ampliamente documentada también en los siglos XVI y XVIII por su alto valor económico ganadero.

GONZÁLEZ CASTAÑO, JUAN (1992). Una villa del Reino de Murcia en la Edad Moderna (Mula, 1500-1648), Real Academia Alfonso X el Sabio, Ayuntamiento de Mula, Caja de Ahorros del Mediterráneo y Comunidad de Regantes del Pantono de la Cierva, Murcia. pp. 164-165

LA ORDEN DE SANTIAGO.

- MIQUEL RODRIGUEZ LLOPIS.

La Orden de Santiago se organizó, desde su origen, como una institución basada en fuertes lazos d parentesco ficticio entre sus miembros. Participaba, con ello, de uno de los rasgos más sobresalientes de la sociedad cristiana occidental, el pseudoparentesco como forma y medio de unión entre personas que han acordado mantener un modo de vida común o defender unos intereses determinados. En el seno de la Orden se localizan tres tipos diferentes de miembros; un primer grupo compuesto por hombres laicos, célibes o casados, que ordenan su vida según la Regla de la Orden y en el que también existen mujeres casadas; un segundo grupo de clérigos, que son canónigos de San Agustín; y, por último, otro grupo de mujeres, célibes o viudas recluidas en monasterios1. Estos tres cuerpos se presentan como independientes, pero unidos bajo la autoridad del maestre y del Capítulo general. La Orden de Santiago se convirtió, así, en una federación pactada de organismos autónomos; no obstante, existió una independencia casi completa entre clérigos y laicos, aunque predominó su aspecto laical. Mientras el clérigo se recluía en los conventos o dirigía las parroquias, dedicándose a la oración y a las prácticas litúrgicas, el laico participaba de las actividades guerreras y de un tipo de vida casi monacal. Los términos «miles» y «frater» se unían, en este sentido, para definirle.

La organización interna de la Orden condujo a una fuerte jerarquización de sus miembros; en la cúspide, el maestre; después los trece y comendadores; por último, re resto de caballeros santiaguistas; por su parte, los clérigos estuvieron bajo la autoridad de los priores de los respectivos conventos mayores siendo muy problemáticas las relaciones entre los priores y el maestre a lo largo de toda la historia de la Orden, por encontrarse éstas muy mal definidas en los estatutos fundacionales. Existieron, además, tres organismos de fiscalización de cada uno de los miembros de la Orden: el Capítulo general, que debía reunirse anualmente bajo la autoridad del maestre; los trece, que fiscalizaban la actividad maestral y elegían al maestre; y los visitadores, que supervisaban la labor de los comendadores en sus respectivas encomiendas.

Organizada la Orden como una gran «fraternitas», las pautas de conducta de sus miembros fueron superiores, ideológicamente, a las del resto del conjunto social, e, incluso, a las de otros grupos nobiliarios no integrados en alguna orden Militar. El factor religioso fue primordial para elevar la condición social del noble santiaguista, porque participaba, a través de la observancia de la Regla, de formas de vida religiosas, y con ellas se integraba en un orden superior. El texto de la Regla destaca, gráficamente, el contraste entre la nobleza laica y la integrada en la institución santiaguista: «...... de fijos que eran del pecado fizieronse sieruos de Ihesuchristo»; añadiendo algo más al referirse a la nobleza no santiaguista: «ansy commo eran fuertes en armas ansy eran bueltos en pecados»; no olvidemos que el redactor de la Regla es un eclesiástico interesado en señalar la victoria de la Iglesia al conseguir atraer a una destacada porción de la nobleza2.

La religión enaltecía al noble que aceptaba vivir bajo la Regla santiaguista, pero la Orden recibía de la nobleza lo más apreciado de ella: la caballería. Es sintomático que antes de tomar el hábito de la Orden, el pretendiente es armado caballero. El noble perteneciente al orden de la Caballería se situaba en el punto más elevado de los guerreros, sublimaba su vida hacia la actividad militar ordenada y perfecta; y, tras asumir los ideales de la Caballería, recibía los hábitos santiaguistas, que le hacían partícipe del orden de los «oratores»3. La sucesión y simbología de los actos es clara. Analicémoslo, detenidamente, con un ejemplo: en 1504, Fernando Chacón, hijo del adelantado de Murcia, desea entrar en la Orden de Santiago; los monarcas castellanos, como administradores de la Orden, diputan a Diego de Orozco, comendador, para que lo arme caballero y, tras ello, le conceda el hábito e insignia de la institución. El 8 de abril de 1505, Diego de Orozco, ante el prior de Uclés, ciñe una espada dorada en la cintura de Fernando Chacón; dos caballeros de la Orden «le alçarzon las espuelas»; después, el delegado real extrae la espada que había ceñido y le da unos golpes en el hombro y la cabeza. El nuevo caballero recibe, tras ello, el hábito de Santiago. El ritual fue siempre igual, y se reprodujo a lo largo de todo el período; en 1506, Fernando V ordena al ciado Diego de Orozco que arme caballero y conceda el hábito a Alfonso Fajardo, posteriormente comendador de Moratalla; siete años más tarde era Alfonso Fajardo quien recibía orden real de armar caballero a Iñigo López de Cardenas.

El sistema se reproducía con la continua entrada de nuevos miembros y con la difusión de la Regla en el seno de las familias santiaguistas. La posibilidad de matrimonio de los caballeros de la Orden fue uno de los mecanismos esenciales de perpetuidad de la institución, ya que a diferencia de la Iglesia, en las Ordenes Militares al parentesco ficticio se unía la posibilidad de parentesco natural, con lo que la reproducción quedaba asegurada por vías biológicas. Son numerosos, en este sentido, los testimonios de hijos de caballeros santiaguistas que, desde la infancia, fueron educados en el seno de la Orden y enseñados en sus formas de vida; señalemos a los hijos de Rodrigo Manrique, comendador de Segura y maestre de Santiago, todos ellos miembros de la Orden; o a Diego Manrique, nieto del citado maestro e hijo de Rodrigo Manrique, comendador de Yeste, que ya en la adolescencia era visitado como miembro de la Orden. De este modo, el matrimonio de los caballeros santiaguistas, plenamente justificado por los ideólogos de la Orden cuando afirman que «mejor es casar que ser quemados en los fuegos de los infiernos, ca os non podemos ser mejores que nuestros padres nin deuemos tomar locamente a conplir cosas que ellos non pudieron sofrir», se convertía en uno de los pilares básicos para la pervivencia de la Orden y para el control de la misma por determinadas familias nobiliarias.

Junto a todo lo señalado, la compleja organización santiaguista permitía un perfecto control de sus miembros a través de la visita secreta que se realizaba, periódicamente, a cada caballero. La visita personal abarcaba totalmente la vida privada de los comendadores y caballeros santiaguistas, tanto el cumplimiento de los votos como de las prácticas religiosas a que eran obligados. Sirva como ejemplo, entre muchos, la visita realizada a Diego de Soto, comendador de Moratalla, en 1480, en la que se declaraba que «hallaronle bien onesto en su vida y hábito y en el rezar de sus oras bien ordenado». No se debe conceder, sin embargo, un elevado papel a la visita personal en la organización interna de la Orden; en el período que analizamos fue mucho más un trámite a cumplir que un elemento fiscalizador de las conductas privadas de la nobleza. Las reducidas penitencias impuestas como castigo a las infracciones y la fácil obtención de licencias maestrales para poder transgredir los más variados aspectos de la Regla supusieron una relajación progresiva de los modos de vida santiaguistas4. A pesar de su pérdida de importancia, la visita personal y secreta perduró hasta fechas muy tardías, señalándose que los visitadores al llegar a una villa debían hacer «venir al comendador y freires y visiten sus personas y para ser informados de sus vidas tomen juramento de los criados». En última instancia, el convento de Uclés sirvió como lugar de reclusión para cumplir las penitencias impuestas por infracciones graves, aunque éstas se nos documentan muy escasas.

Finalmente, antes de analizar las relaciones personales que se desarrollaron en el seno de la Orden interesa detallar el número de miembros de esta institución que existían sobre el reino de Murcia, y de qué manera su número permitió el control total del extenso señorío logrado en la región. No pensemos, sin embargo, en una nobleza santiaguista procedente de zonas alejadas del reino murciano, ya que la nobleza regional encontró en su entrada en la Orden el mecanismo necesario para dominar las villas santiaguistas y para percibir importantes cantidades de rentas. Sobre cada encomienda documentamos a un comendador que está obligado, por los establecimientos de al Orden, a residir en la fortaleza; generalmente, el comendador reside con su familia, y alguno de sus hijos suele ser, también, miembro de la Orden. Es muy extraño que existan más caballeros santiaguistas residiendo juntos; por lo general, lo s escuderos y criados del comendador no fueron miembros de la Orden, a excepción, sólo en determinadas ocasiones, de los alcaides. Junto al comendador, hay en cada villa algún clérigo santiaguista. Localizamos, pues, un reducido número de nobleza santiaguista gobernando cada villa y encomienda, aunque ésta contaba con una abundante clientela militar, no santiaguista, que la sustentaba. Aún más, este número se redujo desde fines del siglo XV, cuando la residencia obligada en la encomienda dejó de cumplirse, de manera que fue normal que en las encomiendas no hubiera ningún miembro de la Orden, siendo dirigidas por personal del comendador.

En las ciudades de realengo existieron, también, pequeños grupos de nobleza santiaguista, que percibían las rentas procedentes de las propiedades de la Orden y del desempeño de puestos políticos en la administración local, a pesar de la legislación que existía en contrario. La introducción de nobles murcianos en la Orden de Santiago les permitió controlar extensas áreas geográficas que fueron espacios económicos y de poder político, pero, también, sirvió a la Orden para tener defensores de sus intereses cerca de sus señoríos. Tal sistema benefició tanto a la institución como a la nobleza.

Una sociedad basada en estrechos lazos de pseudoparentesco debía desarrollar estrechos vínculos personales que fueran el soporte material de unidad y cohesión de la institución. El mundo medieval encontró en las relaciones feudovasalláticoas el vínculo fundamental entre los miembros del grupo social dominante, estructurándolos jerárquicamente en una relación señor-vasallo, que se convirtió en definidora de las relaciones de poder en el seno de la aristocracia. Las relaciones entre los caballeros de la Orden se estructuraban de forma idéntica en torno a la figura del maestre, siendo el contrato de vasallaje el elemento definidor de las mismas.

La relación vasallática surge ene el momento de entrar el caballero a la Orden. La toma de hábito supone la aceptación de observar una completa obediencia al maestre, a la vez que el nuevo miembro se compromete a vivir sin patrimonio, a expensas de la institución santiaguista. El contrato implica, por tanto, una sumisión del vasallo al maestre santiaguista. La obediencia «al maestre, nuestro señor» es la base de toda la relación vasallática que describimos: «.....el primero e mayor voto que es de la obediençia en que renuncian sus propias voluntades e las ponen en mano e poder de su maestre e perlado, e no les queda querer ni no querer saluo seruirle e obedesçerle en todas cosas e por todas cosas».

RODRIGUEZ LLOPIS, MIGUEL(1985). Señoríos y feudalismo en el Reino de Murcia. Los dominios de la Orden de Santiago entre 1440-1515. Universidad de Murcia, Murcia. pp. 112-117

- 1. SASTRE SANTOS, E. (1982). La Orden de Santiago y su Regla. Ed .Universidad Complutense, Servicio de Reprografía, Madrid.

- 2. GALLEGO BLANCO, E. (1971). The rule of the Spanish Military Order of St. James, 1170-1493, Leiden, E.J. Brill.

- 3. KOHLER, E. (1970). L’ideal chevaleresque, Paris.

CARDINI, F. (1975). Cavalleria medievale: le sue origine come problema di culture materiale. En: Archeologia medievale, vol. II, pp. 335-338.

MORETA VELAYOS, S. (1983). El caballero en los poemas épicos castellanos del siglo XIII. En: Estudia Historica, vol. I, Nş

2. Salamanca. pp. 5-28

- 4 PEINADO SANTAELLA, R.G. (? ). La Orden de Santiago en Granada, 1494-1508. En: Cuadernos de Estudios Medievales, vol. VI-VIII. p. 182

- SANTIAGO MARTÍNEZ BRU.

La Orden Militar de Santiago en el Valle de Ricote. Cuando miréis la fachada de la Iglesia, veréis justamente en el centro de la moldura de piedra que forma el arco de la puerta, en el punto más alto, un emblema esculpido en la piedra, es la Cruz de la Orden Militar de Santiago, a la que pertenecía Blanca.

MARTINEZ BRU, SANTIAGO (1994). Pregón de fiestas. En: libro de fiestas de Blanca. p. 14.

- FERNANDO GONZALEZ-DORIA.

La Orden militar de Santiago fue fundado en el año 1161 en el reino de León. Sobre el modo cómo se fundó y los que la constituyeron en calidad de primeros miembros, no se posee absoluta certeza. Según la explicación más verosímil 12 caballeros de León, en el reinado de Fernando II, arrepentidos de la vida licenciosa que hasta entonces habían llevado, decidieron unirse bajo unos mismos Estatutos y formar una congregación para defender de los ataques de los musulmanes a los peregrinos que visitaban el sepulcro de Santiago, en Galicia, y para guardar las fronteras de Extremadura. Realizaron su propósito, y al principio se llamaron Caballeros de Cáceres. La congregación prosperó, adquiriendo bienes y territorios y llegando a formar una especie de diócesis con capital en Uclés, donde tenía autoridad casi episcopal, ejercida por un prior-provisor.

A esta semidiócesis pertenecían pueblos de las hoy provincias de Ciudad Real, Cuenca y Toledo, los conventos de monjas de la Concepción de la Membrilla y Comendadores de Santiago, de Madrid. Alfonso VIII de Castilla cedió Uclés al Fundador de la Orden, Pedro Fernández de Fuentencalada, para que se estableciera allí, y defendiera la frontera según Escritura Real extendida en Arévalo el 3 de enero de 1174, Uclés siguió en poder de la Orden hasta los tiempos de los Reyes Católicos.

A Fuentencalada, que ayudó a Alfonso VIII ala conquista de Cuenca y dio su Fuero a Uclés, en 1179, sucedió en el Maestrazgo Fernado Día, y luego Sancho Fernánez de Lemus, fallecido en 1195 en la batalla de Alarcos. Le sucedió Gonzalo Rodríguez y otros cuatro Maestres durante cuyo gobierno nada debió suceder de notable a juzgar por la oscuridad de datos en ese período. Fue notorio después como Maestre, Pedro Arias, que murió en el año 1212 en la batalla de Navas. Al fallecer Alfonso VIII acontecieron disturbios en la Orden, pero en 1233 concurrieron ya sus caballeros a la batalla de la toma de Jerez de Frontera, y tres años más tarde a las conquistas de Ubeda y Córdoba. Pelayo Pérez de Correa fue el Maestre que mayor esplendor dio a la Orden, haciendo decidir a Fernando III el Santo a poner sitio a Sevilla. En la entrada triunfal de los cristianos en esta ciudad, el primer estandarte que ondeó en sus muros fue el llamado Estandarte de Santiago, que estaba bendecido por el Papa y que, según una descripción del siglo XVII era de dos puntas y de 2 varas de ancho por 5,5 de caída; estaba confeccionado en damasco rojo, con el apóstol Santiago caballero en un caballo blanco, figurando un guerrero a la jineta; una cruz grande con cuatro brazos iguales que remataban en forma de flor de lis, éstas de color blanco, y con cuatro veneras de oro sobrepuestas en los ángulos; en el reverso se reproducía el mismo dibujo.

Durante el aludido sitio de Sevilla 270 caballeros, dirigidos por su Maestre, se internaron demasiado en la sierra y cogiéndoles la noche sin haber logrado la derrota completa de los enemigos, se les apreció la Virgen, a la que pidieron que detuviese el curso del sol, al tiempo que pronunciaban la deprecación «Santa María, ten tu día». En memoria de este suceso se edificó más tarde en aquel lugar el santuario de la Virgen de Ten-tu-día, donde fue sepultado dicho Maestre en el año 1275. Fue sucedido por Gonzalo Ruiz Girón, que murió a su vez de las heridas recibidas en Alcalá de Buenzoide en 1280.

En 1284 fue elegido Gonzalo Martel, a quien sucedió a su vez Pedro González Meta; a éste, Juan Ozores, y después Diego Núñez, García Fernández y Vasco Rodríguez Cornado. En 1343 el Infante Don Fadrique, bastardo de Alfonso XI, fué mandado asesinar cuando ocupaba el Maestrazgo, por su hermano el Rey Don Pedro I, que nombró en su lugar a Juan de Padilla, hermano de la favorita del Rey, la legendaria Doña María de Padilla; pero los caballeros de la Orden se negaron a reconocerle y le derrotado cerca de Uclés, falleciendo Padilla en la lucha. Los Maestres que siguieron, Fernández Osórez, Pedro Fernández y Pedro Muñoz murieron en la guerra con Portugal, pero la Orden se repuso durante el prolongado maestrazgo de Lorenzo de Figueroa, que fundó el Convento de Santiago en Sevilla.

Del turbulento Infante Don Enrique, que tuvo el maestrazgo en administración, pasó éste en propiedad en el año 1445 a Alvaro de Luna, y luego a Beltrán de la Cueva, al Infante Don Alfonso (hijo menor de Juan II de Castilla) y a Juan Pacheco, Marqués de Villena, quien después de siete años de gobierno renunció en su hijo Diego, con disgusto de la mayor parte de los caballeros, produciéndose con este motivo un cisma en ella y grandes luchas por pretender a un tiempo el maestrazgo don Enrique Manrique y don Alonso de Cárdenas. Los Reyes Católicos pusieron término a las disensiones nombrando Maestre a don Alonso, que en su calidad de tal les acompaño a la conquista de Granada.

Recibe en esta Orden el nombre de Trece el caballero nombrado por el maestre y demás caballeros para algún Capítulo general. En la Bula de Confirmación de la Orden expedida por el Papa Alejandro III en 1175 se estableció que hubiese trece frailes, a cuyo cargo estaría la elección del Maestre y el ayudarle con su consejo; ha habido historiadores que han sostenido el criterio de que la significación de estos trece se corresponde con el número de los primeros caballeros que se juntaron para fundar la Orden. Los Trece constituyen las primeras dignidades de ella, después de los dos priores de Uclés y de San Marcos. Los Comendadores Mayores de Castilla y de León siempre fueron treces, aunque no con carácter nato por razón de tales Encomiendas, puesto que consta que lo fueron muchas veces por elección como todos los otros.

Hasta el año 1212 no se menciona documentalmente a los Trece. No eran perpetuos puesto que se advierten frecuentes cambios, que, sin duda, obedecían a que renunciaban, porque era cargo que conllevaba gran trabajo y responsabilidad, por la frecuencia con que se celebraban los Capítulos y la obligación de asistir en sus funciones rectoras al Maestre. La falta de un Trece, que se hallaba ausente por legítima causa, se suplía por otro caballero que se elegía para sólo aquel acto y se llamaba enmienda; en el Capítulo eran elegidos Trece en propiedad a media que quedaban vacantes. Los Treces asistían a los Capítulos con capas negras y bonetes, como los priores, y su autoridad y prerrogativas han sido distintas según los tiempos. En 1246 las restringió mucho el Papa Inocencio IV a instancia del Maestre don Pelayo Pérez Correa, y las restableció después el Papa Alejandro IV; sin embargo, siempre ha estado en vigor en cuanto a la facultad de deponer al Maestre, si se juzgase ser inútil o dañoso, juntamente con el prior; y en uso de tal atribución en el Capítulo de Ocaña de 1338 depusieron al Maestre don Vasco López, y fue práctica en todos los Capítulos tenidos antes de la administración dejar a los Maestres las insignias, entregándolas la prior, el cual al día siguiente se las devolvía de acuerdo y con consentimiento de los Trece; este acto se llevaba a efecto en una ceremonia pública, dejando entrar al pueblo a presenciar el Capítulo, y en ella daba el Maestre las gracias por la restitución de las insignias de su jerarquía.

Cuando un caballero era elegido Trece juraba de esta forma:

«Vos Don.... juráis a Dios y a Santa María y a esta señal de Cruz, y a estos Santos Evangelios, que tocáis corporalmente con vuestras manos, que cuando muriese el Maestre, que vos escogiéreis persona idónea y suficiente para ser Maestre, que sea para reedificar y para defender y adelantar la Orden y mantener los frailes, según la Regla y Establecimientos de nuestra orden y que no sea tal la destruya?» «Sí, juro».

«żItem que si viéreis que el Mestre es inútil y pernicioso e incorregible y sin provecho, y que destruye la orden más que la aprovecha, que vos le depondréis del Mestrazgo, según forma de derecho?» «Sí, juro».

«żOtrosí, que por este poder que tenéis no obedezcáis menos al Maestre, en tanto que será Maestre, de modo que no le desobedezcáis en contrario de lo que habéis jurado?» «Sí, juro».

La dignidad de Trece cayó en desuso por mucho tiempo hasta que se volvió a restablecer el 8 de junio de 1906 por Bula del Santo Papa Pío X.

Al morir tras la toma de Granada el Maestre don Alfonso de Cárdenas, y como quiera que esta Orden, como las demás de caballeros, había venido a ser un elemento de perturbación, su maestrazgo fue incorporado a la Corona por los Reyes Católicos con sus tierras y dominios; a partir de este reinado el título de Caballero de Santiago fue ya puramente honorífico.

El traje de ceremonia de los santiaguistas consiste en una capa blanca con una cruz roja en forma de espada, haciendo flor de lis en la empuñadura y en los brazos. El pretendiente que desee ingresar en ella aprobará en sus cuatro primeros apellidos ser hijodalgo de sangre a fuero de España y no hijodalgo de privilegio, cuya prueba ha de referirse asimismo a su padre, madre, abuelos y abuelas. Probará de la misma manera que ni él, ni sus padres, ni sus abuelos han ejercido oficios manuales ni industriales.