DESCRIPCIONES DE BLANCA.
BLANCA: Villa con ayuntamiento en la provincia de Murcia, parte de jurisdicción y administración de Cieza (2 horas), Diócesis de Cartagena (15 horas), Audiencia Territorial de Albacete (17 3/4 horas).
- SITUACIÓN Y CLIMA.
Situada en territorio desigual en la falda de la árdia y escabrosa sierra llamada Peña Negra, ó Cerro de San Cristóbal, que la domina por la parte N., siendo su altura por el EN. de 800 palmos. En ella existen varios trozos de muralla de un castillo moruno, en las pendientes infinidad de mariscos petrificados. Los vientos que la baten son puros y odoríficos, sus vistas alegres y pintorescas, el clima sano, y las enfermedades, las estacionales.
INTERIOR DE LA POBLACION Y SUS AFUERAS.
Su latitud de S. a N. es de 732 palmos castellanos, 2,142; su longitud EO. hasta hace un siglo solo contaba ciento y tantas casas, llegando en el día su número a 382, que es cuanto ha podido desarrollarse el caserío, atendida a forma de su localidad, las casas en general son de dos pisos y de tres las que figuran en las principales calles. Estas son en su mayor parte, estrechas y de mal piso, y la principal, ancha y llaman por la parte E. desemboca en la plaza que es un cuadro de 460 palmos: contiene la Iglesia, casas capitulares, cárcel y otros buenos edificios.
Hay un hospital para los enfermes pobres, dotado con 3.000 reales al año, escuela de primera enseñanza concurrida por 58 niños y dotada con 200 ducados anuales pagados con el producto de un huerto y fondo de propios, y la retribución de dos a seis reales mensuales con que contribuyen los alumnos pudientes, según sus clases.
La Iglesia parroquial de segunda clase (San Juan Evangelista) estuvo servida por un cura párroco, un teniente y cuatro secularizados, y en la actualidad, por un cura ecónomo y un teniente esclaustrado.
El edificio es sólido, de orden jodico, en forma claustral y dividido en tres naves; tiene de longitud 144 palmos, 72 de latitud, 50 de altura hasta la bóveda, y encierra nueve altares, cuatro de ellos notables por su buena construcción. Hay un órgano my antigüo de octava corta, y en la torre un reloj; los libros parroquiales existen desde el año de 1550 y se renovaron en el de 1773.
En la entrada E. del pueblo se ven las paredes de una ermita dedicada a la Purísima Concepción, en la misma línea y a una hora de distancia, la de San Roque, fundada por la v. en el camino de -Cieza a Murcia; se hace en ella una solemne función el viernes de la semana de Pascua de Resurrección, y el día 16 de agosto, se trae el santo al pueblo y se celebra otra.
En varios puntos del campo existen hasta ocho ermitas más, y en ellas oyen misa lo labradores de sus cercanías. El cementero se halla a 500 pasos del pueblo, es bastante capaz y ventilado, se contruyó en el año 1833.
- TERMINO.
Confina por el N. con la Sierra de la Pila (3 horas); al E. con la jurisdicción de Ulea y Molina; al S. con la de Ricote y al O. con la huerta de Abarán. En él se encuentran ocho fuentes de agua potable y una hermosa y deliciosa huerta con 94 casas diseminadas, subdividida en infinidad de huertos cerrados; se dilata al sur hasta las márgenes del Segura y está plantada de naranjos, limoneros y frutales de diversas clases, entre los que descuella como su señora la palmera.
Por la parte opuesta al río existe otro trozo de huerta de la misma naturaleza y es inexplicable la grata sorpresa y admiración que causa al viajero el maravilloso contraste que produce la desnudez de las sierras y cerros que dominan al pueblo, con los bosques de frondosos árboles que presentan las hondonadas y componen sus huertos, cuya vegetación robusta es singular, realzando este cuadro las aguas del Segura que pasan precipitadamente y le proporcionan abundante riego.
La cabida del terreno roturado, exceptuando la huerta que se compone de 700 tahullas, dividas en diferentes pagos, es de unas 2,200 fanegas, de las cuales, 2.000 son de tierra blanca y 200 de olivar, dividida en tres clases por iguales partes. El que se encuentra en las inmediaciones del pueblo, es desigual y con muchos barrancos, y el del campo, llano.
El mencionado Segura corre a 450 pasos de la v. en dirección O. a E. lleva bastante agua, y tiene un puente de madera de 28 palmos de altura que suele ser arrebatado en las grandes avenidas; a sus inmediaciones hay una casita con un guarda que cobra el paso a los transeuntes con el fin de atender a su recomposición.
Las aguas se utilizan para el riego de las huertas por conductos que las van derramando en distintas direcciones: la principal se denomina BLANCA; viene desde la jurisdicción de Cieza, y pasa por muchas casas de esta población, y la otra titulada CHARRARA, fertiliza la huerta de la parte opuesta. Existe además una noria que levanta el agua 50 palmos y la deposita en una azud.
- CAMINOS.
Son de pueblo en pueblo, y aunque todos de herradura y en mal estado, si se toma por la ermita de San Roque el que dirige a Murcia, puede llegarse a la villa con carruaje; el que viene de Cieza es muy trabajoso pero de mucho recreo.
- CORREOS.
Un conductor trae la correspondencia de la administración de Cieza los domingos, martes y viernes, y la lleva lunes, miércoles y sábados.
- PRODUCCIONES.
Las frutas agrias y dulces es la más abundante; también se cosecha aceite, trigo, cebada, avena, hortalizas, legumbres, anís y barrilla; caza de liebres en corto número, y en más abundancia conejos y perdices. En el río se pescan barbos y anguilas.
- INDUSTRIA Y COMERCIO.
Hay cuatro tornos para tornear seda, movidos con el agua de la acequia principal; tres molinos harineros impulsados por el río; siete almazaras para la elaboración del aceite; tres hornos para cocer el pan; tres tejedores de lienzos comunes; una tienda de abacería y otra de ropas, cuyo mayor comercio consiste en sedas de capillejos sin teñir para llevarlos a Madrid y Toledo.
Hay buenas recuas de burros y algunos carros, y con unos y otros, se extrae el sobrante de frutas para Beñaranda y Burgos, y se importan de Murcia y otros pueblos de la provincia las mantas o jergas, trigo de Cieza y La Mancha y vino de Jumilla y Pinoso, cuyos dos últimos artículos son los de más consumo. La clase proletaria se ocupa la mayor parte del tiempo en hacer lías o cuerdas y otras de esparto, que es un recurso contra la miseria. Existen otros oficios indispensables para la población y se celebra todos los domingos un mercado.
- POBLACIÓN.
521 vecinos, 2,240 habitantes. Capacidad productiva: 5,493,333 reales imp.: 164,800. El presupuesto municipal ordinario asciende a 14,000 reales y se cubre con el producto de propios y arbitrios consistentes en 50,000 reales y el déficit por reparto vecinal.
MADOR, PASCUAL. (1850). Diccionario Geográfico Histórico de España y sus posesiones del Ultramar.
AZAR Y AZAHAR DE BLANCA. Rafael López de Haro (1876-1967).
A pesar de que Miguel de Montaigne dejó una obra imperecedera y creó un género "presentándose a sí mismo como asunto y argumento de sus ensayos", hay quien dice ahora que eso es de mal gusto. Yo voy a cometer tal pecado de inelegancia dejando correr mi pluma al impulso de un recuerdo y de una emoción. Voy a evocar tres años de mi vida en Blanca, un pueblo de la provincia de Murcia, a orillas del Segura claro y benéfico, a que sus afluentes continuos o eventuales acrecen de vez en vez, conviertiéndolo en enemigo catastrófico y desolador. Acababa yo de ganar mis primeras oposiciones, por las que merecí ser nombrado notario de Blanca, primer azar, pues, pude serlo de otro pueblo cualquiera. Era yo entonces, ¡ay! el notario más joven de España. Mi carrera literaria había empezado antes en "Madrid Cómico" y otras revistas. Quedó planteada la pugna que había de reñirse durante toda mi vida y que sigue en tablas: ni el escritor ha vencido al notario, ni el notario al escritor; ambos conviven en mí siempre a la greña. Implicaba renunciar a muchas ilusiones el desterrarme de Madrid a un pueblo lejano cosa que Emilio Carrere hubo de juzgar el más vil de los suicidios: pero yo todo lo hice muy temprano, tenía ya una mujer y un hijo de cuyo bienestar era responsable. Me fui a Blanca. Camino de la estación, me despedí apenado de la Cibeles.
Yo no sabía de Blanca sino que allí se crían naranjos y frutales: "agrio y frutales" se dice en los títulos de propiedad. En una frutería de la calle de peligros veía con frecuencia un marbete anunciando "peras de Blanca" sobe el montón fragante de una especie de pomas de forma alargada, amarillas con rubores de carmín. Imagínese mi estupor al dejar el tren y encontrarme en despoblado ante una planicie esteparia de barbechos y rastrojos, campo paupérrimo, secano y hostil, sin morada humana visible. Sólo el edificio rojo de la estación ínfima y sus muelles desproporcionados. Monté en el carro de Paco "el Mudo", a quien así llamaban porque no callaba nunca, y emprendí la caminata hacia el pueblo, juzgándome víctima de una maniobra por parte de quienes me habían aconsejado pedir aquella Notaría en primer lugar. La carretera de tercer orden con baches profundos y un polvo ardiente continuaba sesgando la llanura ilimitada y desierta. "¡Te has lucido Rafael.!" Pero de pronto,, el terreno se quiebra en amplio hondón, descubriendo un paraíso. Allá abajo la vega, casi toda poblada de naranjos de un verde oscuro y jugoso: motean el panorama las casas de los huertanos; en el río, ancho y azul, se baña otro sol; el agua discurre lenta panda transparente; sobresalen del arbolado las palmeras, saludándose unas a otras en quieto minué antes de amarse, el aire por galeoto.
El avenamiento de acequias y regatos de origen moro, galones de plata las galas de la huerta. las gigantescas ruedas de las ñoras que elevan el agua a los bancales más altos, giran preladas de gotas irisdicentes, fuegos artificiales en pleno día. No, no me habían engañado: aquello tan escondido era delicioso.
La carretera desciende en zig zag. El ambiente reseco y acre del secano se purifica por momentos; ya huele a tierra mojada y a azahar. El pueblo es pequeño, limpio y acogedor. Al día siguiente soy amigo de sus moradores, quienes se cuidarán de que no falten en mi mesa ni las frutas ni las flores del tiempo. Yo me intereso ensequida en sus afanes y quehaceres. Me gusta ver todas las operaciones del embalaje para la exportación. Las naranjas, después de clasificadas y calibradas, envueltas en fino papel son colocadas en hileras y tamos en las cajas, que carpinteros muy duchos cierran afiazándolas con tiras de cuero.
El embalaje de las mandarinas en pequeños estuches, sólo capaces para veinticinco frutos era un primor: antes que en el de seda se las forraba de papel plateado que guardaría su fino y trascendente aroma para gozo de los ingleses, sus principales consumidores. Pero todavía resultaba más delicada labor preparar para su viaje al extranjero las ciruelas claudias, exquisitas, caramelo de la huerta, cuya tenue capa de polvillo que traían del árbol, llegaría inmaculada a la mesa de los magnates más exigentes.
Nunca me pude explicar cómo se las componían las embaladoras para envolver aquellas golosinas sin tocarlas. Durante la floración de los naranjos se vestían de blanco las huertas. tendidos en el suelo lienzos en qué recoger los pétalos de azahar. Algunos huertanos habían conseguido tener naranjos en flor en todo tiempo; cómo convencían a los árboles de que siempre estábamos en abril era un secreto suyo.
El azahar de millares de novias, de Blanca procedía. Las flores eran preparadas de tal modo, que llegaban a cualquier parte- y no existían aeroplanos- como si las acabaran de cortar.
¡Que bien se vivía en Blanca.! Para ejercer mi profesión en "los pueblos del río" -Abarán progresivo; Ricote, donde los limones son más grandes y ricos en zumo; Ojos, junto a un gollizo par el que el Segura se precipita silbando; Ulea y Villanueva, cuyas bellas mujeres parecían vestidas a la usanza mora -me compré un caballo fuerte, nervioso y dócil, que sabía saltar un ramblizo, pasar despacio sobre un trémulo puente colgante y clavarse inmóvil en una barca guiada de ribera a ribera por el antiquísimo andarivel.
¡Que hermosas, qué alegres eran las mañanas de mil colores y aromas.! Los naranjos son árboles lujosos: o se adornan con las perlas de sus flor o lucen el tesoro de sus frutos dorados; algunas veces, ambas cosas a la vez. Los fustes de las palmeras suben como cohetes para abrirse en lo alto. Los melocotones de terciopelo hacen gemir la rama que los sustenta como a una madre. Todo es fecundo y generoso. ¡Qué bien si vivía en Blanca.! Uno de los pilares del puente, en tajamar estaba coronado por una especie de tribunas con bancos semicirculares. le llamaban a aquello "la pica del puente". Allí, en las tardes serenas, que eran casi todas hacíamos tertulia las personas principales del lugar: el alcalde, el médico, el secretario, el notarios y los más importantes exportadores.
Los exportadores solían preguntarnos si queríamos algo de Londres, de París o de Hamburgo ciudades frecuentados por ellos. A la vuelta nos contaban cosas de sus viajes. Y no se hablaba de política. Que gobernasen unos u otros, ¿qué más daba.? Dos señores, don Rafael y don Jesús, turnaban en la alcaldía, de común acuerdo. No se barruntaba entonces ninguna guerra. Se hablaba mucho del tiempo y se miraban al río con inquietud. Porque el primer azar de Blanca es el tiempo: una granizada en la época de las flores, una helada en invierno, malogran una cosecha.
El otro azar de Blanca es su río. El río sufre estiajes pelogrosos. Pero son mucho más terribles las riadas. Yo presencié alguna. Su aviso es la turbiedad del agua. Cuando el Segura crece con agua limpia, no hay nada que temer. Lo malo es cuando se ensucia hasta tomar el color del barro.
En cosa de treinta minutos y aún menos la velocidad de la corriente se acelera y el nivel sube ensanchando el río, que va inundando las riberas. Empiezan a verse flotando en la turbulencia brozas ramas de árbol millares de naranjas, animales muertos y, por fin tablas, una mesa unas sillas...., y el nivel sube más, y la riada, al chocar con los pilares del puente, se rompe en espumas bermejas con aterrador estruendo.
Por fortuna, mientras yo estuve allí, las riadas no causaron daños de importancia. Porque tales siniestros son infrecuentes. No pensando en ello, ¡qué bien se vivía en Blanca.!
Pero yo había escogido esta carrera de notario porque en ella se puede ascender por oposición. Durante tres años dejé a un lado mi vocación de hombre de letras y estudié con ahinco el Derecho civil y la tremebunda ley Hipotecaria. Ascendí.
Me dicen que si volviese al pueblo no lo conocería. El puente y su "pica" ya no existen, se los llevó una riada. En su lugar hay uno de hierro mucho más alto.
Los caminos de herradura se han convertidos en carreteras que permiten visitar en automóvil los "pueblos del río". Mis sucesores no recorrerán a caballo la huerta perfumada; viajarán oliendo a gasolina
Han desaparecido el puente colgante y la barca. ¿Para qué volver? Prefiero la estampa que contempló ilusionada mi juventud.
Por ella, cuando días pasados leí en los periódicos que en Blanca han sido catastróficas las inundaciones y que el huracán descuajó árboles corpulentos lanzándolos como arietes contra los muros de las casas, un agudo dolor ha punzado el recóndito seno de mi recuero y mi gratitud.
GARCIA TRIGUEROS, LUIS (1992). Escrito en un periódico madrileño de fecha 10.11.1948. Publicado en Libro de fiestas de Blanca, 1992. (Rafael López de Haro escribió preferentemente novelas; entre ellas: "El Salto de la novia".
BLANCA EN LA LITERATURA.
Azorín. El gran escritor de la generación del 98. José Martínez Ruiz, en la segunda parte de su libro "La Voluntad", tiene dos capítulos que los titula, los dos, Blanca. Llega desde Madrid y se queda en Blanca. Cuenta que entra en una barbería y oye al barbero que hablaba, con todo entusiasmo de un tal Roque Barcia. Barcia. Sigue diciendo Azorín que él no conocía a más Roque Barcia que al autor de un Diccionario etimológico y que no se fiaba de un barbero que hablaba con entusiasmo del autor de un Diccionario etimológico.
Leyendo yo después la obra de Ramón J. Sender "Mister Wight en el Cantón" aparece este personaje que Azorín desconocía. Roque Barcia había sido uno de los prometores más importantes del cantonalismo de Cartagena. Don Rafael López de Haro ha sido uno de los grandes novelistas de la Literatura española, en la primera mitad de este siglo. Tiene infinidad de obras donde refleja el ambiente de estos pueblos. Fue Notario de Blanca; dice él mismo "era yo entonces el notario más joven de España". Debió ocupar la Notaría en los primeros años del siglo. Escribe Joaquin de Entrambasaguas, su biógrafo, "el ambiente paradisíaco de Blanca no lo olvidó nunca". Yo recuerdo haber visto en el Cementerio, en la parte de arriba, mucho antes de la reforma actual, una tumba pequeña con una barandilla de hierro y una lápida de mármol blanco que decía, en sentido diagonal de la lápida, "Blanca López de Haro y Puga". Fue una hija que se le murió al novelista aquí. Supongo que ha desaparecido la tumba porque ya no he vuelto a verla, aunque la he buscado.
En una de sus novelas "Doña Rosario", el nombre de este pueblo es Almoraña y el protagonista es el ingeniero que dirigió las obras de la central eléctrica. No sé si Azorín y López de Haro tienen alguna calle dedicada. Sugiero, si no la tienen, ese homenaje a estos grandes escritores.
MARTINEZ BRU, SANTIAGO (1994). Pregón de fiestas. En: libro de fiestas de Blanca. p. 15
El padre fray Pablo Manuel Ortega, en su famosa "Chorographia" (1731), al llegar al valle de Ricote, narra con su franciscana prosa: "Una de las buenas hermosas y ricas alhajas de este Reino de Murcia, es este valle de Ricote, célebre y famoso en nuestras historias, tanto árabes como españolas".
ALONSO NAVARRO, SERAFÍN (1978). Libro de fiestas.