SIGLOS VII - XII, blanca árabe 800-1200
711 TUDMIR.
El nombre de Tudmir, con el que designaron los geógrafos árabes el reino de Murcia, aparece ya en las primeras noticias que se refieren a la conquista musulmana de la Península Ibérica. Todas las fuentes coinciden al decir que esta región del sudeste recibió este nombre del gobernador visigodo llamado Teodomiro o Tudmir.
Los autores árabes recogen noticias contradictorias sobre el desembarco de Tariq en el verano de 711. Según algunos, Rodrigo emprendía entonces una campaña contra los vascos y nombró lugarteniente del reino a Teodomiro, que era gobernador de Tudmir. Cuando éste se enteró de la invasión musulmana o llegó al lugar del desembarco informó rápidamente a Rodrigo de la llegada de una gente de la que no sabía si había caído del cielo o había surgido de la misma tierra.
Estas mismas fuentes no se ponen de acuerdo sobre el lugar donde se encrontó la muerte Rodrigo (....).
Pero otros textos árabes más dignos de crédito atribuyen la conquista de Tudmir a otro hijo de Musà ibn Nusayr, el emir cAbd al- cAziz. Según al Himyari venció a Teodomiro en el campo de Cartagena. Los supervivientes visigodos se refugiaron en Orihuela, capital de la provincia y obligaron a los musulmanes a firmar un pacto de capitulación que les permitía conservar cierta autonomía en siete ciudades a cambio del pago de determinados tributos. Conservamos tres textos distintos de este interesantísmimo documento fechado en rayab del año 94 de la hégira (abril de 713).
En las tres fuentes citadas coinciden los nombres de seis ciudades, cinco de ellos fácilmente indentificables: Orihuela, Mula, Lorca, Alicante y Hellín (...).
VALLVÉ, BERMEJO, J. (1972). La división territorial de la España musulmana. La cora de Tudmir. Al-Andalus, XXXVII, pp.145-147.
713 CORO DE TUDMIR.
Dos años después de la entrada de Muza en España, es decir en el año 713, su hijo Abdelaziz encontró seria resistencia para dominar la Cora de Todmir que estaba gobernada por Teodomiro, y hubo de firmar un pacto en el que se incluyeron siete ciudades. Una de las cuales (Ello) podría haber estado situada en Ojós o Cieza, aunque también Hellín, Algezares y otros lugares se atribuyen como sede.
LISÓN HERNÁNDEZ, LUIS (1983). Aproximación al pasado historico de Abarán. Editado por el Grupo "Abaran V Centenario", Abaran, p. 2
713 ORIHUELA
En la Biblioteca Real de Paris existe una crónica arábiga, de autor anónimo, escrita á fines del siglo X, muy semejante á la nuestra, hasta el punto de que Gayangos conjetura que es la misma de Ar-Razi ó de otro que la copió de ella. También ha sido publicada en la Memoria de la Academia de la Historia y no queremos dejar de darla á conocer en la parte referente á Orihuela aunque no sea más que por haberse purgado en este original ó copia la afirmación de reputar á Teodomiro como renegado y enemigo de los oriolanos. Dice así:
De Granada pasó la hueste á Tadmir, ciudad así llamada del nombre de su señor Theodomiro y que antiguamente se llamó Oriola (Orihuela). Salióles éste al encuentro con numeroso ejército, y peleó, aunque flojamente; y á lo último fué derrotado en una llanura descubierta, y los muslines metieron la espada en su gente, hasta esterminarlos de todo punto. Los que quedaron huyeron á Median Oriola sin ofrecer la menor resistencia. Theodomiro, capitán de esta gente, era hombre muy experimentado en las cosas de la guerra y al mismo tiempo muy astuto; pues como viese que la gente que tenía á sus órdenes no mostraba ánimo para defenderse, dispuso que las mujeres de Oriola, vestidas de hombre, con el cabello suelto y lanzas en las manos, se dejasen ver sobre los muros de la ciudad, mezcladas entre los pocos soldados que le quedaban, y puestas á la vista del ejército sitiador, hasta tanto que él pudiese obtener una capitulación honrosa. Esto así dispuesto, él mismo se disfrazó de faraute, y habiendo antes solicitado y obtenido el competente salvo-conducto, se presentó en el campamento de los muslimes, y no cesó de negociar con el que los mandaba, hasta que obtuvo una capitulación para sí y los suyos bajo las condiciones siguientes: que toda la provincia de Tadmir disfrutaría de la paz otorgada sin que se le hiciese violencia, poca ni mucha, y que él, Theodomiro, quedaría por gobernador de la provincia, conservando sus bienes y propiedades.
Con lo hasta aquí consignado resulta de una manera indudable que el ardid de Teodomiro tuvo su realización en Orihuela y no en otra parte, y sin embargo, no han faltado quienes han pretendido arrancar de nuestra ciudad una de las páginas más gloriosas de su historia.
Firmada que fué la capitulación, y dádose á conocer Teodomiro, Abdelaziz le ofreció su mesa, que el cristiano aceptó gustoso. Y en la mañana siguiente el mismo y los pocos oriolanos que en la ciudad quedaban (mil hombres, según Madoz), salieron á recibir al jefe de los árabes que con su estado mayor entró en la población, en la que el blanco estandarte de la paz había reemplazado al negro de la guerra cuyos pliegues ondearan pocas horas antes. Al ver Abdelaziz casi desierta á Aurariola preguntó por las numerosas tropas que el día antes la guarnecían y Teodomiro no puedo llevar más adelante su ficción: con la diestra indicó el punto en que se hallaban congregadas las hijas del Segura, libres ya de las vestiduras que sobre los muros ocultaban sus naturales gracias, y los africanos admiraron el ingenio del caudillo y el valor de éstas, decidiéndose desde luego á respetar lo pactado por más que había sido arrancado por medio del engaño. Cuéntase que Abdelaziz permaneció tres días hospedado en la morada del duque, transcurridos los cuales y después de haber dejado en la ciudad alguna gente, se puso en marcha con el resto del ejército, para reunirse con Tarik en Toledo.
GISBERT Y BALLESTEROS, ERNESTO (1902). Historia de Orihuela. Imprenta de Cornelio Payá. Orihuela. Tomo 1:246-249.
738 RICOTE.
Ciertamente el protagonismo histórico de Ricote comienza con la invasión musulmana. Las primeras citas de historiadores las podemos localizar en el 738, año en que se posesionó de la fortaleza y del Valle un señor musulmán llamado Ali Berit Hutmín, según nos relata el cronista franciscano P. Ortega1.
ORTEGA LOPEZ, DIMAS (1990?). Libro III, Aproximación a la historia de Ricote, Cabo de Palos. p. 375
- 1. ORTEGA, PABLO MANUEL (1959). Descripción Chororográfica del sitio que ocupa la Provincia regular de Carthagena; edición crítica de J. Ortega Lorca, Patronato de Cultura de la Diputación Provincial, Murcia 1959, p. 222.
826 RICOTE.
González Simancas, en su "Catálogo monumental de España (provincia de Murcia)", realizado entre 1905-1907, al hablar del castillo de Ricote transcribe sus impresiones personales del siguiente modo: "Dicha villa de Ricote conserva las ruinas de su castillo árabe que probó su fortaleza cuando sitiado por las tropas del emir Abddala en el 826, mandadas por Abulabás Ahmed, hijo de Mohamed, los defensores partidarios del rebelde Dairam las rechazaron y vencieron; hasta el extremo de que muchos del ejército leal "se arrojaron al río en su huida, resultando un gran número de muertos; unos de armas y otros ahogados Su situación en aquel tiempo lo hacían inexpugnable, dominando por un flanco la villa y por el opuesto, a Oriente, el tajado y estrecho desfiladero del Sor(l)bente, por donde corren las aguas del Segura".
ALONSO NAVARRO, SERAFÍN (1990). Libro de castillos y fortalezas de la Región de Murcia, Murcia, p. 268
- GONZÁLEZ SIMANCAS, MANUEL (1905). Catálogo monumental de España. Provincia de Murcia,. vol.. I. Se encuentra manuscrito en el Insitituto "Diego Velázquez" del C.S.I.C.
826 RICOTE.
Construido el Castillo de Ricote por los musulmanes en el siglo IX, se ubica sobre uno de los riscos que, a unos 453 m sobre el nivel del mar y 295 sobre el cauce del Segura, domina la fértil huerta del valle de Ricote y el impresionante desfiladero del Solvente, entre Ojós y Blanca. Fue la principal e inexpugnable ciudadela y fortaleza del valle. La conformaban dos cinturones de murallas de mampostería, torres flanqueantes, una torre del homenaje, varios aljibes y fosos y tres molinos de mano. Las primeras citas históricas del castillo se remontan al año 826.
VARIOS AUTORES-GERM (1995). Gran Enciclopedia de la Región de Murcia. Murcia. Tomo 7. p. 284
826 RICOTE.
Anteriormente a la invasión musulmana del siglo VIII habían existido ya en Ricote pobladores prehistóricos, así como colonias fenicias, romanas e íberas (parajes del Carrerón, Pino Doncel, Rife ...) Pero el protagonismo de Ricote tiene lugar con la dominación musulmana. Las primeras citas de historiadores referentes a Ricote las podemos localizar en el 826, año en que ya se hizo famoso el castillo que aún levanta sus muros dominado el pueblo.
ALONSO NAVARRO, SERAFÍN (1990). Libro de castillos y fortalezas de la Región de Murcia, Murcia, p. 263
896 RICOTE.
Hemos de destacar los sucesos ocurridos en el 896, en la campaña que el ejército cordobés emprendió al mando del caudillo Ahmed contra Daysam ibn Ishaq que adoptó en la región de Murcia una actitud de independencia frente al debilitado poder central de Córdoba. Tras someter varios castillos de la región oriental de Al-Andalus llega hasta Rikut, que así aparece en las fuentes árabes1,2.
ORTEGA LOPEZ, DIMAS(1990?). Libro III, Aproximación a la historia de Ricote, Cabo de Palos. pp. 375-376
- 1. HERNÁNDEZ CARRASCO, CONSUELO Vª (1978). El árabe en la toponimia murciana. En: Anales de la Universidad de Murcia. Volumen XXXIV, num. 1-4, Filosofía y Letras. pp. 252-254.
- 2. LÉVI-PROVENÇAL, E. (1953). Description de l’Espagne d’Ahmad al-Razi; Al Andalus, XVIII, Madrid-Granada, 1953, fasc. 1º, p. 102. La transición fonética del vocablo sería: Riqut > Ricot > Ricote.
896 RICOTE.
El número de entidades de población que se denominan castillo o hisn es elevado, en todas las épocas. Los primeros datos algo detallados se encuentran en el relato de la expedición emiral del año 896: las tropas cordobesas llegan primero a hisn de Balîs, que intentan tomar, luego al de Maniya, a orillas del Segura, y al de Ricote, antes de permanecer unos días en la huerta de Murcia, y de volver hacia Lorca pasando por el his de al-Bat.
VARIOS AUTORES-HRM (1989). Historia de la Región de Murcia. Ediciones Mediterráneo, Murcia. Tomo 3:139.
896 RICOTE.
La grave crisis que estalla en al-Andalus durante el reinado del emir omeya Abd Allah (888-912) se extiende también a Tudmîr. Soplan tiempos difíciles. El principal rebelde de la zona, Daysam b. Ishâq, se opodera de Murcia, Lorca y las principales poblaciones del territorio, logrando constituir un auténtico estado autónomo con todos sus servicios administrativos e infraestructura militar y con un ejército constituido por muladíes, mercenarios francos y esclavos. Logicamente, el estado omeya cordobés envío contra este rebelde cuantos destacamentos militares pudo para frenar su rebeldía.
MOLINA LOPEZ, EMILIO (1995). Aproximación al estudio de Mula Islámica, Murcia. p. 32
896 RICOTE.
Un detalle interesante figura en la relación de la campaña militar cordobesa del año 896 contra Todmir: se indica que, en un ataque de las tropas emirales contra el castillo de Ricote, perecieron algunos notables del ejército, entre los cuales figuraban dos miembros de la familia beréber de los Banu Zannun, que era muy poderosa en la región de Santaver (actual región de Cuenca). Y un personaje oriundo de Talavera, ciudad también poblada principalmente por beréberes.
VARIOS AUTORES-HRM (1989). Historia de la Región de Murcia. Ediciones Mediterráneo, Murcia. Tomo 3:149.
896 RICOTE.
Esta fortaleza de Ricote ya en tiempo de los Omeyas fue objeto de su atención. Ibn Hayyan1 cita su conquista por el ejército cordobés, antes de llegar a Murcia a fin de someter a los rebeldes de Todmir.
Campaña de Todmir:
«El ejército omeya ataca los castillos de Guadix y avanza hacia los castillos de Huéneja (Wãniÿa), donde permanece unos días hasta que llegaron las acémiles con provisiones procedentes de Pechina y los diezmos e impuestos de las Alpujarras (?). Después de varias jornadas de mal tiempo, el ejército se pone en marcha y acampa en el castillo de Ragašãna de Tíjola. Emprende a marcha hacia Baza el 1º ÿumãdà II/16 julio 896. Arrecia el mal tiempo y se trasladan las fuerzas omeyas a Vélez Rubio o Vélez Blanco (Bališ), donde comienza la cora de Tudmîr. Después de dos días de lucha en torno al castillo, las tropas omeyas se dedican a asolar el territorio de Tudmîr hasta acampar en Molina (?), una de las fortalezas (husûn) del rebelde Daysam b. Ishãq sobre el río Tader o Segura, el día uno del mes cristiano de agosto. Tras devastar la zona durante varios días el Sultán Áhmed marchó contra Ricote, cuyos defensores se aprestaron a la pelea, logrando al principio rechazar con denuedo los ataques del enemigo. Sin embargo, sobrevino un momento en que los voluntarios del ejército del sultán consiguieron hacerse dueños del primer recinto del castillo y acogerse a los muros de la alcazaba. Pero más atentos dichos voluntarios al saqueo, yendo y viniendo del castillo al campamento con su presa, que a seguir desalojando a sus enemigos, dieron pie a que aprovechándose los sitiados de la ocasión favorable que les brindaba semejante proceder cargasen furiosamente sobre los otros grupos del ejército, hasta ponerlos en derrota tan vergonzosa, que muchos se arrojaron al río en la huida, resultando gran número de muertos, unos de armas y otros ahogados. Entre ellos figuraban, como notables, dos hijos de Omar, hijo de Dinnun, el de Santover; Gaz, hijo de Gazuan, el de Talavera, y otros. Inmediatamente retiróse el ejército del sultán a la ciudad de Murcia, en la que acampó a orillas del Segura diez días, para dedicarse al cobro de los impuestos de al-Ýazîra y al-‘Askar y de otros distritos fieles. El domingo primero de raÿab/14 de agosto 896 emprendió el ejército el regreso pansando por Ayn Šaytãn (Fuente de diablo) y el castillo de Aledo, donde acampó al anochecer. Faltó el agua en el camino y perecieron más de treinta hombres y muchas bestias. El caid Ahmad b. Muhammad ordenó a sus emisarios ir a la ciudad de Lorca para advertir a Daysam su intención de acampar en su territorio..... ».
GASPAR REMIRO, MARIANO (1905). Historia de Murcia musulmana, Zaragoza. Reedición de la Academia Alfonso X el Sabio, Murcia, 1980. pp. 76-77.
- 1. IBN HAYYAN (1937). Kiab al-Muqtabas, parte III, edición M. Martínez Antuña, P. Melchor, Paris; edición 1. al-’Arabi, Rabat, 1990; edición Dar al-Awqaf, Rabat 1990; Trad. esp. J. Guaraieb, CHE, XIII (1950) al XXXI-XXXII (1960). pp. 116-117.
896 RICOTE.
Durante unos 70 años sabemos prácticamente nada de nuestra región.Varios autores han escrito este siglo sobre estos acontecimientos y nos parece que el relato de Molina (1995:32-34) es el más científico y acertado:
«El gran historiador cordobés Ibn Hayyan1 y Guaraieb2 nos proporciona una noticia referida a los últimos años del siglo IX que merecería la pena analizar por la posible relación con ésta área geográfica. Durante los reinados de los emires omeyas ‘Abd al-Rahmân II, Muhammad l y al-Mundir, periodo que ocupa más de dos tercios del siglo IX, la región de Murcia parece haber vivido en paz y tranquilidad. Pero la grave crisis que estalla en al-Andalus durante el reinado del emir ‘Abd Allah (888-912) se extiende también a Tudmir. Soplan tiempos difíciles. El principal rebelde de la zona, Daysam b. Ishaq, se apodera de Murcia, Lorca y las principales poblaciones del territorio, logrando constituir un auténtico estado autónomo con todos sus servicios administrativos e infraestructura militar y con un ejército constituido por muladíes, mercenarios francos y esclavos. Llegó a acuñar moneda en su propio nombre y acogió generosamente a poetas y literatos (Al-Udri3, Molina4, Ibn Idari5, Ibn Hayyan6, Ibn al-Jatib7, Gaspar8). Evidentemente, el estado omeya cordobés envió contra este rebelde cuantos destacamentos militares pudo para frenar su rebeldía. En una de estas campañas del ejército contra la región de Tudmir para someter a este rebelde y recaudar los impuestos debidos, la del año 896, Ibn Hayyan nos dice textualmente»:
"El ejército omeya ataca los castillos de Guadix y avanza hacia los castillos de Huéneja (Waniya), donde permanece unos días hasta que llegaron las acémilas con provisiones procedentes de Pechina y los diezmos e impuestos de las Alpujarras (?). Después de varias jornadas de mal tiempo, el ejército se pone en marcha y acampa en el castillo de Ragasana de Tíjola. Emprende la marcha hacia Baza el 1º yumada II/ 16 julio 896. Arrecia el mal tiempo y se trasladan las fuerzas omeyas a Vélez Rubio o Vélez Blanco (balis), donde comienza la cora de Tudmir. Después de dos días de lucha en torno al castillo, las tropas omeyas se dedican a asolar el territorio de Tudmir hasta acampar en Molina )?), una de las fortalezas (husun) del rebelde Daysam b. Ishaq sobre el río Tader o Segura, el día uno del mes cristiano de agosto. Tras devastar la zona durante varios días, el ejército se dirige hacia el castillo de Ricote, que ofrece gran resistencia. Los omeyas consiguen apoderarse del primer recinto y, cuando algunos regresan cargados de botín, se produce un contra ataque enemigo que ocasiona muchas bajas en el ejército omeya... Finalmente, éste se dirige a la ciudad de Murcia donde acampó a orillas del río Segura.
Permaneció en dicha ciudad diez días para reclamar el pago de los impuestos extraordinarios de sus habitantes, así como de Al-Yazira y al-Askar, dos de los distritos que estaban sujetos a su obediencia. El domingo primero de rayab / 14 de agosto 896 emprendió el ejército el regreso pasando por Ayn Saytan = Fuente del Diablo’ y el castillo de Aledo, donde acampó al anochecer. Faltó el agua en el camino y perecieron más de treinta hombres muchas acémilas. El caid Ahnmad b. Muhammad ordenó a sus emisarios ir a la ciudad de Lorca para advertir a Daysam su intención de acampar en su territorio..."
MOLINA LOPEZ, EMILIO (1995). Aproximación al estudio de Mula Islámica, Murcia. pp. 32-34.
- 1. IBN HAYYAN (1937). Kiab al-Muqtabas, parte III, edición M. Martínez Antuña, P. Melchor, Paris; edición 1. al-’Arabi, Rabat, 1990; edición Dar al-Awqaf, Rabat 1990; Trad. esp. J. Guaraieb, CHE, XIII (1950) al XXXI-XXXII (1960). pp. 1937:116-117 y 1990:139-141.
- 2. GUARAIEB, J. (1950-1960). Vid. IBN HAYYAN (1937). al-Muqtabas, parte III, edición M. Martínez Antuña, Paris; edición 1. al-’Arabi, Rabat, 1990; edición Dar al-Awqaf, Rabat 1990; Trad. esp. J. Guaraieb, CHE, XIII (1950) al XXXI-XXXII (1960).
- 3. Al-UDRI (1965). Tarsi ‘al-ajbar, de. ‘Abd al-’Aziz al-Ahwani, Madrid, IEEI; trad. parcial, E. Molina López, "La cora de Tudmir según al-’Udri", Cuadernos de Historia del Islam, 4 (1972), pp. 11-12
- 4. MOLINA LOPEZ, EMILIO. (1972). La cora de Todmir según al-c Udrî
siglo XI. Aportaciones al estudio geográfico-descriptivo del SE penicular. Cuadernos de Historia del Islam, núm. 4. Granada. Vid Al-Udri. pp. 77-78.
- 5. IBN IDARI (1963). Kitab al-Bayan al-Mugrib, III parte, de. por A. Huici Miranda, M. b. Tawit y l. al-Kattani, Tetuán; trad. esp. Colección de Crónicas árabes de la Reconquista, II y III, Tetuán 1953-54; y Nuevos fragmentos almorávides y almohades, trad. esp. en textos Medievales, 8, Valencia, 1963. Tomo II:126-127.
- 6. IBN HAYYAN (1937). Kiab al-Muqtabas, parte III, edición M. Martínez Antuña, P. Melchor, Paris; edición 1. al-’Arabi, Rabat, 1990; edición Dar al-Awqaf, Rabat 1990; Trad. esp. J. Guaraieb, CHE, XIII (1950) al XXXI-XXXII (1960). pp. 1937:35-36.
- 7. IBN AL-JATIB (1956). Kitab A‘lam, parte II, edición E. Lévi-Provençal, Beirut, 1956. pp. 28-31.
- 8. GASPAR REMIRO, MARIANO (1905). Historia de Murcia musulmana, Zaragoza. Reedición de la Academia Alfonso X el Sabio, Murcia, 1980. pp. 73 y ss.
1030? ULEA.
Por los documentos consultados se deduce que la ocupación de Ulea por los árabes se verificó de una forma pacífica en la primera mitad del siglo XI, según se desprende de un memorial elevado por los vecinos de la Encomienda al Marqués de los Vélez y Adelantado del Reino de Murcia, exponen:
"Sabrá vuestra excelencia que las dichas villas del valle nunca fueron ganadas ni tomadas por batallas...".
MARIN OLIVER, ANTONIO Y OTROS (1992). Historia de Ulea: la bella prisionera. Consejería de Cultura, Educación y Turismo de la Comunidad Autónomo de Murcia. Imprenta Regional. Murcia. p. 15
1088 ALEDO.
Ibn Abi Zar1 nos hace saber que el castillo de Aledo sufrió cuatro meses de asedio, sin rendirse. Pero no explica el por qué.
El Secretario de Aledo cuenta que todavía se conservan los pasillos subterráneos, excavados en la peña, que éstos conducen hasta una fuente cuya agua mana de la roca (si bien hoy se halla en parte desviada para regar la huerta), y que dicha agua conducidas a través de los pasillos hasta la torre por una conducción lateral, asimismo excavada en la peña, precisamente en la pared de los pasillos, podía abastecer la guarnición y las caballerías. De ser ciertos, como parece, estos datos de la tradición oral se explicaría perfectamente que el castillo hubiese podido resistir durante varios meses una ataque enemigo sin rendirse.
RIU RIU, MANUEL (1987). Homenaje al Professor Juan Torres Fontes. Universidad de Murcia, Academia Alfonso X el Sabio, Murcia. p. 1402.
- 1. IBN ABI ZAR: Rawd al-Qirtàs. (1964). Traducido y anotado por Amborsio Huici Miranda, Valencia. 2 Vols. p. 297
1091 RICOTE.
Sabemos que otros castillos, que acaso no dispondrían de construcciones subterráneas, por las mismas fechas fueron menos afortunados en resistir a los almorávides, como el de al-Sujayrat (Los Peñascales, en el valle de Ricote) o el de Segura (Segura de la Sierra), ambos conquistados en 1091.
RIU RIU, MANUEL (1987). Homenaje al Professor Juan Torres Fontes. Universidad de Murcia, Academia Alfonso X el Sabio, Murcia. p. 1403
1150 BLANCA.
Entre los siglos XI y XII debieron de levantar los árabes la fortaleza de Blanca, denominada primitivamente Negra. Controlado por la Orden de Santiago como Encomienda privilegiada hicieron de este enclave un lugar excepcional para imponer al señorío que encabezaban Pedro Peláez de Contreras, Bernardo de Sarriá y Juan Osores. El castillo sufrió las correrías de Alonso y Pedro Fajardo, primos, pero enfrentados por cuestiones de propiedad y jurisdicción que efectan a los moradores de una villa tutelada por la fortaleza en lo alto de la montaña.
VARIOS AUTORES-HRM (1989). Historia de la Región de Murcia. Tomo II. Ediciones Mediterráneo, Murcia. p. 93
1150 CABEZO DE LA COBERTERA O CABEZA GRANDE.
Dentro del Valle de Ricote, en la explanada que culmina el Cabezo de la Cobertera, o Cabezo Grande, entre Blanca y Abarán, existe el trazado de planta de unas cuantas casas todavía sin escavar del tipo cuadrado y de medidas de dos por tres metros, que por los restos de cerámica que asoman muestran que estuvieron habitadas por árabes en épocas aún sin determinar aunque presumiblemente en el siglo XII.
FLORES ARROYUELO, FRANCISCO J. (1989). Los últimos Moriscos (Valle de Ricote, 1514). Academia Alfonso X el Sabio, Murcia. p. 130
1170 ORDEN DE SANTIAGO.
Creada en 1170, la Orden de Santiago se configuró, muy pronto, como la principal de las Ordenes Militares hispánicas, no sólo por la gran cantidad de posesiones recibidas de los monarcas sino también por su actuación decisiva en la política interna de los reinos peninsulares.
Su organización y funcionamiento respondió a los esquemas feudales imperantes en el resto de Europa, ya que, si bien el feudalismo hispánico -como todo feudalismo mediterráneo- presentó unos rasgos diferenciadores, las Ordenes Militares peninsulares reprodujeron los modelos feudales de las Ordenes Europeas, a cuya imitación habían nacido. Por ello, surgirán las mismas escalas jerárquicas y relaciones vasalláticas que en otros reinos de Europa, significando, por tanto, la introducción de formas feudales puras dentro del marco feudal hispano.
La Orden de Santiago se estructuró a partir de la regla de San Agustín, teniendo sus miembros ese doble carácter de frailes y legos, hombres dedicados a la lucha y a la oración, en un intento de unir en un solo cuerpo los dos órdenes característicos del sistema feudal: oradores y guerreros.
La organización culminaba en el maestre -perteneciente a la oligarquía nobiliaria- al cual todos los miembros debían homenaje. El maestre estaba asesorado por los "treze", una especie de consejo formado por trece caballeros santiaguistas de gran influencia, pertenecientes también todos ellos al sector oligárquico, y entre quienes se elegía un nuevo maestre al cesar o morir el existente. Por debajo de ellos estaban los freires y demás miembros de la Orden, distribuidos en las encomiendas y posesiones santiaguistas, disfrutando de sus rentas y beneficios siempre y cuando mantuvieran una estrecha relación vasallática con el maestre. Se configuraba, de este modo, un estrecho cauce de relaciones feudales que eran la base misma del sistema: fidelidad como clave de la unidad santiaguista y como base de disfrute de una serie de rentas en recompensa.
En última instancia, estas relaciones vasalláticas se completaban, aunque no siempre, con una estrecha relación entre el maestre y la Corona, cerrándose así el aparato institucional y motivando esta relación la concesión de nuevas tierras a la Orden que servirán para reproducir, a escala menor, todo el sistema de lazos de fidelidad existente.
RODRIGUEZ LLOPIS, MIGUEL (1982). Conflictos fronterizos y dependencia señorial: La encomienda Santiaguista de Yeste y Taibilla (ss. XIII-XV). Instituto de Estudios Albacetenses. S.C.I.C. Confederación Española de Centros de Estudios locales. Serie 1 - Ensayos Históricos y Científicos, Núm. 9, Albacete. pp.. 25-26
1170 ORDEN DE SANTIAGO.
Las relaciones entre los caballeros de la Orden se estructuraban de forma idéntica en torno a la figura del maestre, siendo el contrato de vasallaje el elemento definidor de las mismas.
La relación vasallática surge en el momento de entrar el caballero a la Orden. La toma de hábito supone la aceptación de observar una completa obediencia al maestre, a la vez que el nuevo miembro se compromete a vivir sin patrimonio, a expensas de la institución santiaguista. El contrato implica, por tanto, una sumisión del vasallo al maestre santiaguista. La obediencia «al maestre, nuestro señor» es la base de toda la relación vasallática que describimos: «.... el primero e mayor voto que es de la obediençia en que renuncian sus propias voluntades e las ponen en mano e poder de su maestre e perlado, e no les queda querer ni no querer saluo seruirle e obedesçerle en todas cosas por todas cosas». Este vinculo personal que se establece es recíproco; y el señor debe, a cambio, proteger y mantener al nuevo vasallo, más cuando el caballero santiaguista acepta renunciar a su patrimonio personal para vivir de los bienes de la Orden que lo acoge. La Regla es explícita en este punto: «mas biuiendo sin propio esfuercese e semejara aquel que todas las cosas auia por si mismo e non tenia donde ynclinase su santa cabeça».
El vasallaje prestado al maestre suponía, de hecho, la obtención por el vasallo de algún tipo de rentas de la Orden para su mantenimiento. De ahí la perfección del sistema: sumiso al maestre y desprendido de todos sus bienes, el nuevo vasallo recibía de su señor y protector unas rentas para su mantenimiento, traducidas en la obtención de una villa o conjunto de villas, sobre las que ejercer una labor de gobierno y percibir sus rentas. Del modo señalado, la relación entre el maestre y los caballeros santiaguistas es personal y vasallática, las obligaciones del señor y del vasallo van surgiendo inevitablemente, de la misma forma que ya existían en otras regiones europeas. El maestre debí proteger y mantener al caballero, y éste era obligado a otras prestaciones hacia su señor, entre las que destacaban como fundamental el auxilio militar. «El servicio militar del vasallo es la principal y esencial razón de ser del contrato de vasallaje».
RODRIGUEZ LLOPIS, MIGUEL(1985). Señoríos y feudalismo en el Reino de Murcia. 1440-1515. Universidad de Murcia. pp. 117-118
1170 ORDEN DE SANTIAGO.
La mayor parte de las tierras concedidas a los santiaguistas lo eran jurisdiccional y territorialmente, aun cuando a veces la existencia de jurisdicción no quedara explícitamente detallada: "dono et gratanter concedo....illam supradictam Securam, ut eam pacifice et quiete et iure hereditario habeatis in perpetuum possidentes, cum omnibus terminis suis nouis et antiquis... cum terris, cum uineis, cum montibus et fontibus, cum serris et riuis, cum molendinis et pescariis, cum pratis et pascuis, cum deffesis et montaticis, cum salinis et portagiis, cum ingressibus et egressibus et cum omnibus directuris et terminis....".
La relación entre la Orden y sus vasallos se establecía a través del comendador o sus representantes y se disponía en función de dos hechos: la defensa de la frontera -cuando la había-, y la percepción de las rentas señoriales, que eran la base económica de todo el marco ideológico-político instaurado en estas comarcas santiaguistas. Es más, la distribución de encomiendas no se hizo teniendo en cuenta las necesidades militares de la frontera sino la rentabilidad económica de las mismas, de ahí que, muchas veces, una encomienda no estaba constituida por unos territorios concretos sino por rentas muy diseminadas espacialmente que permitían al caballero que las disfrutaba continuar ejerciendo, en nombre del maestre, un cierto control sobre los vasallos de quienes las percibía.
Este marco de relaciones se fue reproduciendo a lo largo de los siglos medievales con muy pocos cambios. Las guerras internas castellanas del siglo XIV pusieron de manifiesto cuán débiles eran los lazos entre los monarcas y los maestres y cómo éstos se rompían tan fácilmente como se creaban. Los conflictos nobiliarios del siglo XV manifestaron también la debilidad de las estructuras vasalláticas de la Orden.
Estas estructuras se consolidaron con la asunción del maestrazgo por parte de los Reyes Católicos, con ellos los lazos entre la Corona y los nobles santiaguistas se fortalecieron, pero ello no significó un aumento de la autoridad real en tierras de señorío sino tan sólo una consolidación de los lazos vasalláticos que permitió, con el apoyo real, el afianzamiento hereditario de determinados linajes nobiliarios en encomiendas santiaguistas.
RODRIGUEZ LLOPIS, MIGUEL (1982). Conflictos fronterizos y dependencia señorial: La encomienda Santiaguista de Yeste y Taibilla (ss. XIII-XV). Instituto de Estudios Albacetenses. S.C.I.C. Confederación Española de Centros de Estudios locales. Serie 1 - Ensayos Históricos y Científicos, Núm. 9, Albacete. p. 26
1174 ORDEN DE SANTIAGO.
Una de las notas más características de las que intregran la Geografía histórica de Murcia, corresponde a los territorios propiedad de las Órdenes Militares.
Por una parte con un sistema de guarniaciones fijas en una época en que el éjercito no era permanente, permitieron una vida hasta cierto punto tranquila, e incluso el cultivo y prosperidad de algunos pueblos. Por otra, ayudaron a la conquista (...). Por lo que a Murcia se refiere merece mención especial la de Santiago. Se establec en Uclés en 1174 y fue confirmada por Alejandro III en 5 de julio de 1175.
LOPEZ ROJO, MANUEL (1975). Las encomiendas Santiaguistas en el Reino de Murcia. ccLLetras de Deusto. p. 181
ver también: LOMAX, D.W. (1965). La Orden de Santiago (MCLXX-MCCLXXV), C.S.I.C., Madrid. 308 págs.
MARTIN, JOSÉ LUIS (1974). Orígenes de la Orden Militar de Santiago (1170-1195), C.S.I.C., Barcelona. 540
págs.
1174 ORDEN DE SANTIAGO.
La orden de Santiago fue establecida en Uclés en 1174 y confirmada su existencia por el Papa Alejandro III en 5 de julio de 1175. Las tierras y castillos adquiridos por uno ú otro procedimiento por esta Orden eran de su propiedad durante siglos y normalmente no saliesen de su pertenencia: oponíanse a ello incluso las bulas pontificias. Son las Ordenes Militares, que acogen y cuentan sólo con los mudéjares que buscan su protección para asegurarse un medio de vida aceptable,lejos de extorsiones, abusos o de la condición socioeconómica a que quedan relegados en los centros urbanos en su sufrida convivencia con los cristianos.
MERINO ALVAREZ, ABELARDO (1915). Geografía Histórica del territorio de la actual Provincia de Murcia, Madrid. Reedición Murcia 1981. p. 101.
1174-1-9. Arévelo.- Donación de la Villa del castillo de Ucles por el Rey de Castilla Alfonso VIII cuando los santiaguistas llegan desde el Reino de León, traslado que confirman al gobernador compostelano, los condes y los obispos castellanos (se hace mención en el prólogo, año 1170 script. Y, núm. 11 (Bul. de la Orden de Santiago).
En el nombre del Señor, Amén. Conviene sin duda a la majestad real apreciar a los virtuosos y religiosos varones y amarles, y sobre todo a aquellos que dejadas las cosas temporales hicieron voto espontáneamente de luchar contra los enemigos de la Cruz de Cristo y derramar su propia sangre y de acabar de vida temporal. Así pues yo, Alfonso, por la gracia de Dios Rey de las Españas, juntamente con mi esposa la Reina Elionor, por la salud de las almas de mi abuelo, de mis padres y la salud de mi alma, dono y concedo a Dios y a vos Pedro Ferrandez Maestre de la Orden Militar de Santiago, y a todos los caballeros presentes futuros de la misma, a Ucles con el castillo, y la villa con las tierras, viñas, prados, pastos, riberas, molinos, lugares de pesca, con los portázgos, con las entradas y salidas y con todos los derechos y los términos que pertenecen a este reino tener de derecho hereditario y de poseer a perpetuidad.
Si en verdad alguien intentare destruir o disminuir en algo la página de estas mis donaciones y concesiones incurra plenamente en la ira de Dios Omnipotente y haga compañía a Judas, traidor del Señor en los suplicios infernales y satisfaga a la parte del Rey mil monedas de oro y doble en fianza a la citada milicia de Ucles. Hecha la carta en Arévelo en el tiempo en que el famosísimo Rey Alfonso derrotó al Rey de Navarra y llegó hasta Pamplona. En el año MCCXII de la Era y V.I. dos de enero. Yo el Rey Alfonso, reinando en Castilla y en Toledo, firmo y rubrico esta carta con mi mano.
Cenebruno, Arzobispo de Toledo y primado de las España, confirma. Pedro, arzobispo de Compostela, confirma, y Sancho, obispo de Avila, confirma, Gundisalvo, obispo de Segovia, confirma.
El conde Nuño confirma. El conde Gondisalvo confirma. El conde Pedro confirma, Pedro, hijo del conde Rodrigo, confirma. Gómez García confirma. Pedro García confirma. Ordoño García confirma. Pedro Gutiérrez confirma. Tal Petriz confirma. Pedro, Notario del Rey, escribió, estando presente el canciller Raimundo, Rodrigo Gutiérrez Mayordomo de la Curia del Rey confirma. El conde Gundisalvo de Marannone Alferez confirma. Concuerda con el original.
LOPEZ ROJO, MANUEL (1975). Las encomiendas Santiaguistas en el Reino de Murcia. Letras de Deusto, pp. 187-188